Muerte de reportero

“Cohabitamos con la muerte. Copulamos con ella, se ríe de nosotros, nos besa. Pero seguimos todos estos años…”.

Javier Valdez

Javier Valdez fue acribillado en Culiacán, Sinaloa, este 15 de mayo. Trataron de hacer aparecer el ataque como un intento de robo de vehículo, pero le dispararon 12 veces. Era cofundador del semanario Ríodoce y corresponsal de La Jornada. Su columna Malayerba hablaba del narcotráfico y el crimen organizado.

“Javier fue parte de Ríodoce desde que el semanario era apenas una quimera concebida por un grupo de periodistas que creíamos y creemos en la libertad, en la independencia, en la honradez, en la crítica; que vemos en el periodismo un compromiso con la sociedad, cada vez más desvalida en medio de gobiernos cada vez más corruptos y cínicos, criminales desde el Estado”, señalaron los redactores de Ríodoce en un editorial titulado “Hoy nos pegaron en el corazón”.

El horror no se limita a este caso y ciertamente no termina hoy. El mismo 15 de mayo fue asesinado Jonathan Rodríguez Córdova, reportero de El Costeño de Autlán, Jalisco, en un ataque en el que quedó gravemente herida su madre, Sonia Córdova, subdirectora del periódico. En marzo cayó de ocho disparos Miroslava Breach, corresponsal de La Jornada en Chihuahua, mientras se preparaba para llevar a uno de sus hijos a la escuela.

Filiberto Álvarez, periodista y locutor de La Señal de Jojutla, Morelos, fue asesinado de cinco disparos el 29 de abril al terminar su programa de radio. El 15 de abril murió tras un ataque de 15 balazos Maximino Rodríguez, reportero del Colectivo Pericú de Baja California Sur. A Ricardo Monlui, director de El Político y columnista de El Sol de Córdoba y Diario de Xalapa, lo ejecutaron el 19 de marzo en Yanga, Veracruz. Cecilio Pineda Brito, director de La Voz de la Tierra Caliente y colaborador de El Universal, fue acribillado el 2 de marzo en Ciudad Altamirano, Guerrero.

Ésta es la lista sólo de lo que va de este 2017. Son siete periodistas muertos, aunque es posible que haya alguno más. En 2016 la Federación Internacional de Periodistas registró 11 asesinatos de periodistas y profesionales de la comunicación en México.

Las ruedas de la política y la burocracia empiezan a moverse. Algunos grupos organizan manifestaciones de protesta. Las fiscalías y comisiones de derechos humanos empiezan averiguaciones o piden información. Hay que justificar los sueldos.

El problema, sin embargo, no es la muerte de siete periodistas en cuatro meses y medio de 2017. En 2015 el INEGI reportó 20,525 homicidios dolosos, 56 cada día. Unos cuantos son periodistas, pero muchos más no lo son. Es terrible la muerte de siete periodistas en 2017 y 11 en 2016, pero la gran tragedia son los asesinatos de 20 mil personas al año.

El simple hecho de que haya fiscalías o visitadurías especiales para periodistas revela que algo está mal. Yo soy periodista, pero ¿por qué habría de ser más importante el homicidio de un colega que el de un maestro, un albañil o el niño de dos años ejecutado en la autopista de Puebla? La CNDH dice que la impunidad en los homicidios de periodistas es de 90 por ciento. ¿De cuánto es para el resto de la sociedad?

El Estado debe impedir los homicidios de periodistas… y de todos los demás. Su responsabilidad fundamental es proteger a los ciudadanos, pero tenemos un gobierno que gasta en mil cosas y olvida su principal tarea. La muerte de Javier Valdez es una tragedia, pero no porque era periodista, sino porque era un ser humano.

· COMPLEJA POLÍTICA

La restricción a la circulación de vehículos en el Valle de México se vuelve cada vez más compleja. Los boletines de prensa en una contingencia no alcanzan ya a cubrir todos los casos. La Comisión Ambiental de la Megalópolis olvida que una política pública que no se entiende no será exitosa.

@SergioSarmiento