Una barredora, por favor

SENDERO

Ante tantos problemas que existen en Oaxaca y en el país que requieren pronta y adecuada solución, creo que todos queremos y merecemos entrar en una etapa de convivencia social y dejar atrás bloqueos de carreteras y oficinas públicas, marchas de presión y de aniversario, suspensión de clases en los diversos niveles educativos so pretexto de estar en lucha sindical.

El slogan de paz y progreso del sexenio pasado no me convenció aunque, confieso, en un principio despertó en mí cierta esperanza y optimismo de que el estado de cosas podría cambiar, pero cuando me di cuenta que los protagonistas del momento se ufanaban de haber llevado a la gubernatura a Gabino Cué Monteagudo y empezaron a cobrar la factura, todavía arriesgué mi voto de confianza en el gobernante de que podía retomar las riendas porque le distinguía una trayectoria limpia y una visión del presente y futuro.

El actual sena dor de la República, Benjamín Robles Montoya, hizo y deshizo a su modo la estructura de gobierno, más o menos como hizo previamente Alejandro Avilés Álvarez desde el Congreso del Estado para tener a su medida a la Secretaría General de Gobierno en la naciente administración de Alejandro Murat Hinojosa.

El primero repartió puestos a más no poder en diferentes dependencias centrales y foráneas, porque quiso asegurar desde el inicio del sexenio su ascenso a la gubernatura. Por eso nunca le perdonará a su mecenas el que lo haya desplazado de los lugares claves del gobierno y que también le haya cerrado la posibilidad de convertirse en su sucesor.

Por eso no extraña que el senador se haya convertido en un cuchillito de palo para Gabino y algunos de sus colaboradores señalados como responsables de corrupción, porque ese papel lo hace muy bien el legislador chilango y no dude el lector que muy pronto se estará cambiando de partido, como lo hizo recientemente el diputado Jesús Romero López, que es su avanzada para apartarle el lugar.

Desde luego que no es fácil gobernar Oaxaca ante tantos grillos y grupos parásitos, pero para un político de verdad es un reto y una oportunidad para gobernar sirviendo. Así lo hicieron los gobernantes de sexenios pasados, cuyas acciones están presentes en las diferentes regiones del estado, la gente los recuerda, porque también es justo reconocer a los que trabajaron bien y demandar a los que nos han defraudado.

El llamado movimiento magisterial es otro asunto que va para largo. Acostumbrados los dirigentes sindicales a arreglar sus problemas en lo obscurito o bajo la mesa, quieren tener bajo presión y control al gobernador Murat Hinojosa como lo hicieron con Gabino Cué y los anteriores. Por eso es necesario que los acuerdos alcanzados entre el gobierno y la sección 22 salgan a la luz púbica, y no solamente los del sector magisterial sino de todas las organizaciones sociales, hasta las instituciones de educación superior, como la Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca, donde los sindicatos ahogan cada vez más a la máxima casa de estudios.

Entonces, como que necesitamos una barredora que quite toda la basura que hay en todos lados. Hay que transparentar la función pública y la vida de las organizaciones sociales y políticas. Los políticos y líderes han sido desenmascarados, pero siguen en el juego. 

El gobernador de Nuevo León, Jaime Rodríguez Calderón, tiene la película muy clara de las organizaciones y sus dirigentes que hay en Oaxaca. Hacen marchas por cualquier cosa. ¿Por qué no cambiamos las formas? Necesitamos diálogo y conciliación, un nuevo modelo de educación, procuración de justicia, desarrollo integral y sustentable. No podemos seguir en el subdesarrollo político.

Oaxaca merece vivir en paz.