¿Tiene remedio Oaxaca?

Desde luego que si.  Pero no tiene remedio alguno si seguimos el mismo modelo de gobierno, de economía, relaciones jurídicas,  de relaciones sociales que se estableció  desde hace cerca de doscientos años, que hoy en día tiene a cerca del 70% de oaxaqueños en condiciones de pobreza a pesar de los cuantiosos recursos que se emplean para su combate. Seguir por este camino es necedad, irresponsabilidad e ignorancia, por decir lo menos.

En primer lugar, el modelo impuesto por el grupo que ganó la independencia del país, los liberales, que siguió en la Reforma, trató de modificarse en la Revolución,   compuesto por criollos y mestizos, estableció  que el eje fundamental de las relaciones sociales, de la sociedad, de las relaciones políticas, del Estado, del gobierno, de la moral, de la ética y de las relaciones económicas, fuese el individuo.

El individuo, con todo lo que implica,  como sujeto fundamental para el desarrollo de la sociedad y de las comunidades oaxaqueñas,  se implantó desde nuestro nacimiento como sociedad y Estado, para el logro de la igualdad, libertad y de la democracia, evidentemente ha sido un fracaso. Los niveles de desigualdad, de opresión y de la falta de la democracia así lo evidencian. La promoción del individualismo nos ha conducido a una sociedad enferma de egoísmo, a  gobiernos  corruptos e irresponsables y a una economía exigua y dependiente;  en los albores del siglo XIX, en donde la comunidad era aún muy sólida, los pueblos y comunidades eran autosuficientes,  hoy se debaten entre la hambruna y la desesperanza.

Si este modelo de sociedad, gobierno y desarrollo ha demostrado su inoperancia para el bien de los oaxaqueños, es inconcebible que se siga insistiendo su práctica y operación en tierras oaxaqueñas,  no hay visos de algún intento de posible cambio. En el gobierno de los Murat está decidido continuar con este modelo a sabiendas de su fracaso, el “milagro oaxaqueño,” desde luego,  puede esperar para otras épocas. La necedad no es una expresión de inteligencia más bien es de lo contrario.

El gobierno muratista se puede creer exitoso con solo  cumplirle a los oaxaqueños inaugurando las supercarreteras, impulsando  la Zona Económica y trayendo inversiones nacionales y extranjeras, realizando algunas obras de importancia, ofreciendo dádivas a la población, con ello, sentirá haberle cumplido a los oaxaqueños y buscar nuevos horizontes, Oaxaca quedará  en la memoria como un escalafón, como un medio, como un instrumento. Desde luego, estas obras y esta forma de gobernar no son negativas, hasta habrá ciudadanos que lo celebren, el problema está en que no resuelven los problemas fundamentales de los oaxaqueños, cuando mucho, palian algunos. Pero seguiremos siendo pobres, marginados, dependientes, desiguales, inseguros, excluidos, faltos de libertades y de democracia.

Si poner como sujeto de nuestra historia al individuo no ha sido útil para nuestro interés común, la más elemental lógica nos ordena cambiar este sujeto por otro que nos permita lograr esa sociedad y gobierno justo, libertario, igualitario y democrático. Si la unidad no sirve para nuestros fines pongamos su contrario, lo colectivo, o en su caso, el justo medio como lo estableció Aristóteles. Poniendo un piso de igual dignidad para todos los oaxaqueños. Si el eje de nuestra historia futura es el bien común, el bien colectivo, sacarle provecho a la naturaleza humana como ser social, como ser acompañado, seguramente avanzaremos mucho en el “milagro oaxaqueño” que ha expresado el gobernador, de otra manera, lo veo imposible bajo el modelo individualista.

En la historia de la humanidad el colectivismo, la cooperación, la solidaridad, han demostrado su potencialidad para lograr, en poco tiempo,  grandes revoluciones del hombre. Si un hombre por sí solo quiere mover una enorme roca seguramente no lo podrá lograr, pero si se ayuda de otro hombre y de un instrumento adecuado seguramente lo logrará, esta es la magia de la cooperación, o si usted le ha puesto atención del levantamiento de una barda, los trabajadores realizan un esquema de cooperación que hace más efectivo la realización del objetivo perseguido. Grecia fue grande porque la base de su convivencia fue lo colectivo: la ciudad. Roma fue extraordinario porque tenía un colectivo que gobernaba: el senado. Inglaterra fue grande por su colectivo: el parlamento. Los aztecas fueron poderosos por su base social  el calpulli. Hoy China es grande por su colectivo: Estado. Así podemos dar ejemplos de hombres reunidos en común que realizan revoluciones. Si bien es cierto que ha habido grandes hombres que han hecho historia pero han sido respaldados por grandes colectivos. Viviendo en lo colectivo los indígenas americanos produjeron la idea de su inocencia, simplicidad, fertilidad y abundancia, que iban desnudos sin sentir vergüenza alguna.

Estos ejemplos los traemos a la memoria para demostrar que la alternativa colectivista es una opción probada, que se le pueden hacer ajustes de acuerdo a una realidad concreta como la oaxaqueña. Tenemos a la mano la comunalidad de los pueblos indígenas oaxaqueños que ha sido la base para su sobrevivencia y resistencia de la opresión de una minoría. A fuerza de ir destruyendo los lazos comunitarios por los miembros del aparato político, principalmente por el cuerpo dirigente de este aparato que han sido los gobiernos en turno, con algunas excepciones, a los oaxaqueños nos han vuelto más pobres, excluidos, dependientes y explotados.

La expansión del individualismo en el territorio oaxaqueño y el proceso de extinción de la Comunalidad han traído por consecuencia pueblos fantasmas por la emigración, pobreza, marginación, falta de esperanza,  es el signo,  ya no hay fe en el porvenir, se vive de la caridad pública.
El remedio consiste en reconstruir los lazos comunitarios, hacer de la comunidad el eje central para sacar a Oaxaca del desarrollo del subdesarrollo, de la dependencia hacia el gobierno federal. En un reciente estudio sobre cultura política y democracia auspiciado por el Instituto Estatal Electoral y de Participación Ciudadana, en las comunidades indígenas los ciudadanos se sienten mejor gobernados por sus sistemas normativos que en aquellos pueblos que se gobiernan por partidos políticos.

Si esto es así, por qué no se intenta el establecimiento de una política pública que parta de la reconstitución de la Comunalidad indígena, de apoyarla con mayores recursos, de reconstituir sus sistemas de cargos y escalafón que abaratan el ejercicio de la función pública,  volver a la producción comunitaria de la tierra y de los bosques en ese esquema de amor por la naturaleza, de intensificar el tequio como forma de contribución al ingreso de los gobiernos municipales y de las agencias.

El florecimiento de los pueblos indígenas es pilar para el florecimiento de Oaxaca, así como de los barrios de las ciudades.  El reforzamiento de las identidades de los pueblos y comunidades indígenas nos puede traer paz social, gobernabilidad, desarrollo económico para todos, desarrollo social, desde luego, bajo la égida  de la Comunalidad lograremos la existencia del nuevo hombre oaxaqueño. La democracia que se practica en nuestros pueblos será referente mundial de una nueva forma de convivencia política, basada en el servicio, en la entrega, en la responsabilidad y en la transparencia y en la honestidad para el manejo de los recursos públicos. Los planificadores del Estado tienen la palabra: seguir con un modelo de desarrollo que ha demostrado su impotencia para lograr la felicidad de los oaxaqueños o seguir sumidos en la injusticia y en la miseria de la gran mayoría de nuestra gente.

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