Trump vs. Corea del Norte

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Obsesionado con la imagen pública y el poder, Donald Trump ha mandado duros mensajes políticos y militares a Corea del Norte. El Ejército de Estados Unidos inició el despliegue del anunciado escudo antimisiles y un grupo de guerra hacia la península de Corea del Sur y aseguró que sus fuerzas están preparadas para atacar en cualquier momento al régimen de Kim Jong-un por su programa nuclear.

Por ello mando al Grupo de Ataque Carl Vinson de la Armada estadounidense, uno de los más poderosos formado por un portaaviones y otros buques de guerra, como fragatas y destructores con un gran poder de ataque. El Grupo tiene la capacidad de interceptar misiles balísticos.
El Comando del Pacífico de Estados Unidos (USPACOM) describió el despliegue de la agrupación que ahora se dirige hacia el occidente del Pacífico como una medida prudente para mantenerse preparado en la región.

El presidente Donald Trump ha dicho recientemente que Estados Unidos está listo para actuar individualmente para enfrentar la amenaza nuclear de Corea del Norte.

Y es que la amenaza número uno en la región (Pacífico occidental) continúa siendo Corea del Norte, debido a su temerario, irresponsable y desestabilizador programa de pruebas nucleares y su búsqueda de una capacidad armamentística nuclear.
El Carl Vinson, es uno de los 19 portaaviones con que cuenta la Armada de los Estados Unidos y está bajo el control de la Tercera Flota, tiene capacidad para unas 85 aeronaves y tres mil 200 tripulantes.

Comenzó a construirse el 11 de octubre de 1975 y fue botado al agua el 15 de marzo de 1980. Fue el último destino del cuerpo del terrorista Osama Bin Laden, antes de ser lanzado al mar, tras ser abatido por fuerzas estadounidenses el 2 de mayo de 2011 en Pakistán. Es una impresionante flota de guerra y sin duda un elemento de intimidación para Kim Jong-un

Corea del Norte ha estado realizando varias pruebas nucleares y los expertos creen que tiene otras preparadas como parte de sus intenciones de desarrollar una ojiva nuclear con suficiente alcance para llegar a los Estados Unidos.

El gobierno norteamericano ha estado incrementando la presión sobre China –un aliado histórico de Corea del Norte– para que ayude a reducir las tensiones en la región asiática. Pekín, sin embargo, se ha mostrado renuente a aislar a su vecino.

Y es que China teme que si Corea del Norte se colapsa, eso podría provocar una crisis de refugiados y llevar a que las Fuerzas Armadas de Estados Unidos se acerquen demasiado a la región.

En una entrevista ante medios de su confianza, Donald Trump indicó que Washington está listo para actuar sin la cooperación de Pekín.
Estados Unidos cuenta actualmente con 28 mil 500 militares desplegados en Corea del Sur. Su objetivo oficial es defender el armisticio que puso fin en 1953 al conflicto entre las dos Coreas y supuso la creación de una zona desmilitarizada entre ambos países.

Washington describe a sus soldados como “defensores de la democracia” y mantiene una estrecha cooperación militar con Corea del Sur para “mantener la estabilidad” en la península.
El comandante de las fuerzas estadounidenses, el general Vincent Brooks, es también el responsable del comando de la ONU, que concede el paraguas a la misión norteamericana y que se origina en la coalición de 21 países que ayudaron a Corea del Sur en la guerra con el Norte entre 1950 y 1953.

La ONU prohibió a Pyongyang realizar cualquier tipo de prueba nuclear o de misiles, sin embargo, éste repetidamente ha violado las prohibiciones.
Pyongyang ha estado observando detalladamente las acciones del presidente Trump, en particular el ataque que Washington lanzó contra las fuerzas sirias.

El ataque, el primero que ordena Washington contra las fuerzas de Bashar al Asad en los seis años de guerra en ese país, fue en respuesta por un ataque químico supuestamente llevado a cabo por el gobierno sirio.
Corea del Norte llamó el hecho “un acto intolerable de agresión contra un Estado soberano”, y dijo que el ataque mostraba que “el refuerzo de las defensas de Corea del Norte está justificado”.
Trump afronta con las crecientes ambiciones nucleares de Corea del Norte su desafío internacional más inmediato, pero también el más imprevisible y peligroso.

El presidente republicano –que promueve la mano dura pero carece de una doctrina exterior definida– ha asegurado que la acción militar contra el régimen de Pyongyang está encima de la mesa, pero cualquier movimiento en esa dirección podría desencadenar una escalada nuclear de consecuencias desconocidas y poner en peligro a Corea del Sur y Japón, los dos aliados estadounidenses en la región.
En este escenario, ante el temor de que Pyongyang pueda estar preparando su sexta prueba nuclear, Trump ha puesto en marcha varias iniciativas simultáneas: exhibe músculo militar, mantiene viva la vía diplomática mientras acelera la presión a China para que se distancie de Corea del Norte, y utiliza la reunión de su cúpula militar y diplomática con el Congreso para tratar de mandar un mensaje de urgencia a la opinión pública norteamericana.

Sin embargo, embelesado con el poder, Donald Trumpo no ha dimensionado que su locura puede hacer estallar una Tercera Guerra Mundial y llevar a la humanidad a otra hecatombe.

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