Alzan batuta los violinistas

Erika P. Bucio
Cd. de México (13 mayo 2017).- Massimo Quarta toca el Concierto para violín de Beethoven mientras dirige a la OFUNAM.

Scott Yoo hace lo propio con Las cuatros estaciones de Vivaldi con la Filarmónica de la Ciudad de México (OFCM). Y al frente de la Sinfónica Nacional (OSN) está Carlos Miguel Prieto, a quien el violín le viene por tradición: cinco generaciones de su familia tocando cuarteto, por afición y altruismo.

Las principales orquestas capitalinas están en manos de violinistas.

“Eso es fortuito, una coincidencia”, dice Sergio Cárdenas, director de orquesta, ex titular de la OSN.

En la historia musical han abundado los directores de orquesta que son pianistas. Ahí están Claudio Abbado o Daniel Barenboim, por citar dos casos. Pero los ha habido de todos colores: Leopold Stokowski era organista, Simon Rattle es percusionista y Zubin Mehta pasó del piano al contrabajo. Lorin Maazel era violinista.

Otros casos en México que se enmarcan en la coincidencia son Srba Dinic, de la Orquesta del Teatro de Bellas Artes, y Marco Parisotto, de la Filarmónica de Jalisco y Román Revueltas, quien está al frente de la Sinfónica de Aguascalientes.

“(El director de orquesta) debe tener conocimientos sólidos de cuando menos algún instrumento, y si son avanzados, mejor. De preferencia uno que pueda acercarlo al mundo de las armonías. Por eso, la mayoría de los directores tiene una formación pianística”, añade Cárdenas, formado en dirección coral y órgano antes de graduarse en dirección orquestal en el Mozarteum de Salzburgo.

“A diferencia de un instrumento melódico como el violín o la flauta, en el piano o en el órgano se escuchan las armonías por las diferentes voces que se pueden tocar de manera simultánea”.

Pero no basta con ser un buen pianista o instrumentista para ser director.

“Puede ser un buen instrumentista y un desastre de director, como hay casos que pululan por todos lados”, apunta Cárdenas, quien impulsa la Licenciatura de Dirección Musical en la Facultad de Música de la UNAM, que debía haber arrancado en agosto de 2016.

Cuando Enrique Barrios decidió que sería director de orquesta empezó con el violonchelo. Lo estudió seis años. Ya era trompetista.

“Me daba cuenta que el 65 por ciento de los músicos de la orquesta son cuerdistas, así que más le vale a uno conocer de técnica de cuerda”, explica el ex titular de la OFCM.

Y por otro lado, dice Barrios, son grupos. Los violines primeros son 16 instrumentistas tocando la misma parte; los violines segundos, 14; además de violas, chelos y contrabajos.

“Hay muchas decisiones colectivas que tomar, y entonces, el director de orquesta, junto con el concertino y los principales, puede participar en esas decisiones: golpes de arco, arcadas, digitaciones… Son decisiones que van a incidir en el resultado artístico”, explica.

Sus ideas musicales, dice, han tenido mejor camino para ser expresadas con base en sus conocimientos del violonchelo. Y da por sentado que los violinistas que son directores utilizan el piano como herramienta de estudio.

Cualquiera de los instrumentos es una ventaja, concede Gabriela Díaz Alatriste. “El hecho de que un violinista se pare y dirija…, pero si no tiene todo lo demás, eso no garantiza”, matiza.

En su caso, saltó del piano a la dirección coral y de ahí tomó la batuta. El piano, dice, es indispensable para el estudio de la partitura, como importante es saber de todos los instrumentos de las diferentes familias de la orquesta.

“Comprender lo que hacen y por qué lo hacen”, apunta la subdirectora artística de la Sinfónica del Estado de México.

Subraya la experiencia valiosa para un director haber tocado en una orquesta. Ella lo hizo como pianista y percusionista.

Cárdenas plantea el estudio de la composición como una herramienta fundamental.

Permite al director conocer una obra desde sus entrañas. Desmenuzarla. Al dirigir es como si estuviera componiéndola de nuevo. “Y no simplemente repetir lo que (el director) escuchó en una grabación de fulano o perengano. Eso ha dado al traste la formación de directores”, apunta el también titular de la Sinfónica Estanislao Mejía de la Facultad de Música.

Es en el podio donde se demuestra la formación, el oficio.

“El arte de la dirección es casi religioso, divino”, sentencia Díaz Alatriste.
Violines con la batuta

Estos son algunos violinistas que están al frente de orquestas mexicanas.

-Carlos Miguel Prieto, Sinfónica Nacional
-Massimo Quarta, Filarmónica de la UNAM
-Scott Yoo, Filarmónica de la CDMX
-Srba Dinic, Orquesta del Teatro de Bellas Artes
-Marco Parisotto, Filarmónica de Jalisco
-Román Revueltas, Sinfónica de Aguascalientes
-Jorge Armando Casanova, Sinfónica de la Universidad Juárez del Estado de Durango

Reforma

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