¿Un Odebrecht español?

Cuando  el psado jueves 20  de abril se anunció que un juez ordenó el cateo de las oficinas corporativas de la constructora OHL, empresarios y políticos mexicanos temblaron.

Sobre todo cuando conocieron que el cateo se vinculaba a un presunto soborno que la constructora habría hecho al presidente de la comunidad de Madrid, Ignacio González, para verse favorecida en la asignación del tren Navalcarnero.

Las suspicacias alcanzaron las altas esferas políticas del PP (Partido Popular) al que se le investigarían presuntas aportaciones de OHL para el financiamiento de sus campañas.

Se incluyó el Factor México cuando se detectó que el presunto soborno de 1.4 millones de euros habría salido de las cuentas en Suiza de la filial mexicana de OHL.

Lo cierto es que existen cuatro palabras que se están volviendo comunes y fuertemente ligadas en el mundo de habla hispana: constructoras, sobornos, políticos y partidos.

Aún no se concluye la investigación del funcionario mexicano que habría recibido en 2014 un soborno de 10.5 millones de dólares para dar contratos de Pemex a la constructora brasileña Odebrecht.

El escándalo, descubierto como una operación de lavado de dinero en Estados Unidos, sacudió los cimientos del partido y los gobiernos de Dilma Rousseff y de Lula Da Silva.

El caso, que ya fue confesado por su presidente, Marcelo Odebrech, y 77 funcionarios, alcanzó a empresarios y políticos de 12 países de habla hispana, incluyendo a expresidentes de Perú, Argentina y Panamá.

En México, el único señalamiento es el que la revista brasileña Veja hizo de Emilio Lozoya Austin. Pero faltan los pronunciamientos de la PGR y de la secretaría de la Función Pública.

Lo curioso para el caso mexicano, es que los nombres de las dos constructoras intersectan en un personaje. Y es el exdirector de Pemex, quien fue miembro del consejo directivo de OHL en México.

Cómo olvidar las grabaciones de directivos de OHL-México en los días de José Andrés de Oteyza, cuando se hicieron públicos las gratificaciones y vacaciones que OHL obsequiaba a funcionarios federales. ¿A cambio de qué?

Tampoco podemos sustraernos de las investigaciones que penden sobre dos obras insignia en el Estado de México, construidas por OHL: el Circuito Exterior Mexiquense y el Viaducto Bicentenario.

En las obras se sospecha que estarían siendo  utilizadas como fuente de financiamiento para campañas políticas, por las ventajosas negociaciones que OHL viene logrando para ampliar sus plazos de amortización.

El cateo de OHL en España sacude a México. Porque aquí también se ligan las palabras constructora, sobornos, políticos y partidos.

Ya lo advertimos, los nombres Yarrington, Duarte, Odebrecht y OHL serán cruciales, no solo en  las elecciones del Edomex sino en lo que se anticipa para la presidencial del 2018.

Por cierto ¿alguien sabe el desenlace final de las empresas mexicanas que construyeron la Línea 12 del Metro de la CDMX y que forzaron a un exilio de bajo perfil a  Marcelo Ebrard?

Hoy, sin embargo, lo que es necesario confirmar o descartar es que OHL-México no esté convertida en una versión española de la brasileña Odebrecht. ¿Acabará confesando algún directivo español?

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