Los extremos se tocan

Sabido es que la extrema derecha y la extrema izquierda persiguen lo mismo: destruir los sistemas.

En ese sentido, los comicios en Francia nos han dejado una gran lección.

¿Ustedes sabían que el ISIS también se presentó a las elecciones francesas? Y es que, hay una necesidad manifestada desde el radicalismo religioso suicida o desde el integrismo ideológico -también suicida- de implosionar los sistemas. Por eso cuando el ISIS ordena disparar frente a una camioneta de policías en Campos Elíseos, tres días antes de las elecciones, está haciendo campaña electoral.

El resultado de las elecciones en Francia del domingo pasado, evidencia la delgada línea que separa al suicidio de la posibilidad.

Pero al mismo tiempo están los políticos moderados, los que en principio nos sacan de la catástrofe pero tampoco consiguen crear las condiciones para que los sistemas sobrevivan.

El culpable fue el Brexit, porque la convocatoria al referéndum del entonces primer ministro británico, David Cameron, y toda esa corte de políticos que lo están poniendo en marcha, incluida Theresa May, no fueron capaces de defenderlo ni con resultados, ni en la campaña electoral.

Ahora la estrecha ventaja con la que el centrista Emmanuel Macron ganó la primera vuelta, provoca que todos los que no quieren que Marine Le Pen sea la presidenta terminen votando por ella.

Además, existe la posibilidad de que los antisistemas se unan. Y así como nunca supimos cuántos seguidores de Bernie Sanders terminaron votando por Trump en la elección de EE.UU., tampoco podemos saber cuántos votantes del candidato de la izquierda Jean-Luc Mélenchon pueden votar por Le Pen.

En este momento lo importante es aplazar la catástrofe que obliga a saber que Francia está en peligro y que no basta con que haya un bien intencionado y fotogénico Macron en el Palacio del Elíseo, porque también es necesario conformar un plan de gobierno que los conduzca hacia una mejor situación.

Independientemente del resultado de la segunda vuelta electoral en Francia del 7 de mayo, lo que nadie dice es que para los franceses ya no sirve que se siga declarando si seguirán o no en la Unión Europea.

¿Qué Unión Europea? ¿El aparato burocrático que se sirve a sí mismo y corta de tajo las ilusiones populares de los países del sur de Europa?

¿Cuánto tiempo es posible mantener la ficción en la que se ha convertido la UE con el apoyo de Francia?

El siguiente Presidente francés debe saber que tiene la responsabilidad de que la catástrofe sigue siendo una posibilidad latente, donde la única alternativa ya no sólo sería el “Frexit”, sino que en este caso la precipitación del sistema daría como resultado una solución mucho más dramática.

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