Sartori revisitado o del adios a la democracia

México ha llegado a ser para mí, por muchas razones,
un país al que sigo de cerca, que está en mi corazón
y sobre el que apuesto. Por naturaleza no soy optimista,
pero sobre el futuro de México sí lo soy.
G. Sartori ¿Qué es la Democracia?, 1993

Hace apenas unas semanas Falleció Giovanni Sartori, vayan unas líneas retomadas de un artículo publicado en este mismo diario hace algunos ayeres, exactamente el 5 de febrero del año 2012, poco más de cinco años. En su memoria volvemos a leer algunas de sus líneas, tratando de rescatar aquellas que marcaron un hito en la historia de la Ciencia Política de la actividad misma que le conlleva.

A juzgar por el curso de la historia y en particular de la democracia en nuestro país, hoy Sartori quizá no sería tan optimista y retomaría su naturaleza intuitiva una vez corroborada científicamente, valga la contradicción. Y quizá tendrá que refugiarse en la tradicional democracia liberal estadounidense, tal cual lo fueron por mucho tiempo, las universidades esa parte del hemisferio americano; incluso apostaría que le daría la razón no solo a Eliot, sino también a Tocqueville cuando éste sentenciaba: “La forma en que usamos las palabras democracia y “gobierno democrático” es la que produce la mayor confusión. A menos que estas palabras sean claramente definidas y su definición aceptadas, el pueblo vivirá en una inextricable confusión con gran ventaja para los demagogos y los déspotas”. Esa sí que se cumple al pie de la letra hoy día.

Veamos a Sartori: “Dado que la democracia es ahora tan sagrada que nadie se atrevería a confesar que es antidemocrático, sería en verdad muy optimista derivar de tal hecho la conclusión de que en la mitad del siglo veinte el corazón de la humanidad es conmovido por un ideal común. Un observador menos optimista haría notar, en cambio, que nunca en el pasado se ha llevado a cabo una falsificación ideológica y terminológica tan intensiva y astutamente dirigida en tan gran escala. Si puede usarse la misma palabra para significar y dignificar prácticas antitéticas es claro que el término democracia ha quedado aún más carente de significado que de lo que parecía a Elliot en 1939 – (Se refería seguramente a lo siguiente: “Cuando un término ha llegado a ser tan universalmente santificado como Democracia lo es ahora, empiezo a preguntarme si acaso significará algo, al significar tantas cosas” Eliot T. S. The ideal of a Christian Society, Londres 1939) – Como escribió Bertrand de Jouvenal en 1945: “Las condiciones acerca de la democracia, los argumentos en pro y en contra de ella, no tienen ningún valor intelectual, porque no sabemos de qué estamos hablando”. (Aspectos de la democracia, Limusa-Willey, 1965; p.23)

Esa premisa, parte de la consolidación del pensamiento político del politólogo italiano de la escuela de Florencia, está presente en toda su lógica argumentativa acerca de los sistemas políticos, los subsistemas de partidos y los subsistemas electorales. Su partitura sobre lo político lo asienta perfectamente en su gran tratado “La Política, lógica y método de las Ciencias Sociales” sobre una simple pero contundente afirmación: “la política es el “hacer” del hombre que, más que ningún otro, afecta e involucra a todos”. Para él, discurso y acción es un binomio perfectamente conjugable, pero para lograrlo es indispensable partir de tres fuentes fundamentales: 1) la filosofía política; 2) la ciencia o conocimiento empírico de la política; 3) el discurso común u ordinario sobre la política. Desde esta tríada se pueden tejer las más complejas, pero al mismo tiempo, las más simples redes de esta actividad o quehacer humano.

Su discípulo en la Universidad de Columbia, y en esos días, su representante en México, Carlos Ugalde, ¿les suena conocido? Destacaba, a propósito del Doctorado Honoris Causa que el 8 de julio de 1996 le otorgara la Universidad de Guadalajara, las dos principales características del Florentino: 1.- Su formación humanista de tipo europea sustentada en el estudio de la historia y de la filosofía, la que se combina con 2.- un rigor analítico conceptual y metodológico propio de la ciencia política americana. Una doble vertiente que lo hacen uno de los más completos ingenieros políticos como el gusta de llamar a la construcción comparada de sus estudios de infinidad de países.

En esos días, había puesto el dedo en la llaga en torno a la cuestión de la reforma del Estado y su ligereza con que la enfocaban los legisladores. En sus visitas a nuestro país Sartori señaló siempre con el índice la poca profesionalidad de los actores políticos y en consecuencia, la inmadurez del debate político mexicano -contrario e incongruentemente con su actuar ante los propios-. En su momento, (5 de abril de 2003) Carlos Benavides, registraba en El Universal la respuesta de Sartori sobre la que quizá sea la concepción del mundo que más lectores no especializados le hizo ganar con su famosa obra Homo Videns, desarrollo de su interpretación del videopoder o videopolítica, voces que había previamente analizado con rigurosidad en sus Elementos de Teoría Política.

Al respecto decía: “con disfraz de libertad y democracia -los medios- imponen a la sociedad medidas y verdades que sólo benefician a grupos minoritarios”, y hacía un llamado de prevención contundente contra la dictadura de los medios: “…piensan y deducen por sí mismos e imponen criterios a la sociedad” a lo que agregaba una lapidaria sentencia que desafortunadamente hemos ya padecido o padecemos en la actualidad cada que encendemos el, hasta hoy, aparato más sofisticado de la moderna pero endemoniada inquisición televisiva: “Debemos tener cuidado porque el ojo no es la mente, es decir, no necesariamente ver las cosas nos hace llegar a buenas conclusiones” pues es un convencido de que la maldad que conlleva los intereses privados de un servicio público son infinitamente superiores a cualquier interés general o del pueblo, para ellos los valores solo adquieren consistencia cuando se traducen en ganancias, tanto de rating como de su traducción en dinero.

Las palabras o los términos adquieren la connotación que más les convenga, muy al estilo de Humpty Dumpty, en Alicia a través del espejo; así las cosas, cada palabra significa exactamente lo que ellos quieren que signifiquen según cada caso en particular, en el agudo análisis de Sartori “…Utilizan el término libertad como el argumento para defender cualquier información que manejen sea correcta o no” es lo que él llama ejercer un monopolio en forma de hegemonía dictatorial usando de camuflaje valores democráticos. Quizá un giro lingüístico -Wittgenstein, Rorty- Valía.

Respecto de su propuesta acerca de lo que él consideraba entonces, que le urgía a México, destaca la profesionalización de la burocracia, para no hacerla dependiente de los partidos en el poder en turno, así como del ejercicio legislativo, “para que la democracia avance, es obligado legislar para la profesionalización y la reelección de diputados y para dar al presidente poder de veto” pues para él  aún adolecemos de una consistente historia del pensamiento político “… mientras no haya cultura política en las cámaras, los representantes populares se irán alejando más de la sociedad”. Y sobre lo que trabajan hoy, tanto los medios como los legisladores y de lo que llenan nuestro espacio privado todos los días recientes también vertía su sapiencia.

En esos temas colaterales que definen ideologías y proyectos de naciones enteras y ventilan la verdadera profesión de los políticos y los psrtidos apuntaba lo siguiente. Resumiendo, toda la política vaticana sobre sexo y natalidad – trasfondo de los debates vigentes y tardíos en nuestro hoy, sobre el aborto y la eutanasia, así sean por separado –
Sartori concluye que la cerrazón vaticana en estas cuestiones y su autoridad moral están impidiendo que se planteen es serio límites del desarrollo en su conjunto, sin excluir el desarrollo demográfico, abocando a la humanidad hacia terribles problemas sin salida. Concluimos con esta larga cita “En 1940 México tenía 19 millones de habitantes; hoy tiene (más de) 100 millones. Y mi lector mexicano me escribe así: “retened a vuestro Papa en Italia durante unos veinte años y nosotros resolveremos la mayor parte de nuestros problemas. Pero si cada cuatro o cinco años viene aquí en visita pastoral y desencadena la campaña a favor de la familia, que no es otra cosa que exhortarnos a hacer hijos…Como consecuencia asistimos a otra invasión de desesperados del campo que van a engrosar los bidonvilles. Y todos nuestros esfuerzos por crear nuevos puestos de trabajo y mejores condiciones de vida se vuelven inútiles. La misma situación se produce en Brasil. El problema (demográfico) existe claro que sí. Pero precisamente ya no se habla de él. El Papa Wojtyla ha conseguido silenciarlo urbi et orbi “ (Sartori, G- Mazzoleni, 2003, La tierra explota, Superpoblación y desarrollo, Madrid, Taurus., p. 52) .

Esos son algunos de los argumentos de este pensador, ingeniero político y politólogo italiano, con vastísima obra publicada, mismo al que la UNAM otorgara hace unos años su segundo Doctorado Honoris Causa de universidades mexicanas, el primero ya mencionamos, lo recibió en 1996 por la Universidad de Guadalajara. Sobre lo vertido en las entrevistas concedidas en esa ocasión ya mucho hemos leído, aun cuando en lo personal no comparto algunas de sus tesis, sobre todo de la Reforma del Estado en materia de  lo que el llama profesionalización vía relección ( dada la enorme corrupción y mapachería electoral en este país), enhorabuena por esa granizada de verdades polacas que alimentan el debate, cuando se tiene argumentos desde luego, cuando no es mejor escuchar o leer a quienes si los tienen, con todo respeto a quienes todos hemos visto exhibir el velo de su luciente ignorancia. Quizá valga la pena un segundo capítulo sobre el propio Sartori en próxima entrega. Estamos, mientras tanto que haya paz. nigromancias@gmail.com / Twitter: @JTPETO