Ingobernable

Producida y dirigida por Epigmenio Ibarra y Verónica Velasco, la serie logra capturar la atención al exhibir los excesos del poder, la corrupción, las complicidades y el dinero mal habido, producto del contubernio entre políticos y empresarios

Una de las series que están capturando la atención de México en Netflix es la de Ingobernable.

Es la trama en la que Emilia Urquiza, la Primera Dama –Kate del Castillo- se ve atrapada en una conspiración para asesinar a su esposo, el presidente de México –Erik Hayser.

Producida y dirigida por Epigmenio Ibarra y Verónica Velasco, la serie logra capturar la atención al exhibir los excesos del poder, la corrupción, las complicidades y el dinero mal habido, producto del contubernio entre políticos y empresarios.

Uno de los aciertos de Ingobernable es que lograron introducir elementos visuales que conectan al televidente con una trama que tiene todos los tintes de ser realidad.

El presidente Nava, tiene un fuerte parecido con el perfil de Enrique Peña Nieto.

Una de las hijas de la pareja presidencial de la serie –Alicia Jaziz- tiene un físico muy cercano a Sofía, una de las hijas de Angélica Rivera, la actual Primera Dama.

Y Eréndira Ibarra –Ana Vargas-West- la perversa y manipuladora jefa de asesores del presidente, evoca los mejores días de aquellas poderosas consejeras, controvertidas en los sexenios de Fox, Calderón y Peña Nieto.

Pero lo que más sacude de Ingobernable, es la crudeza en el despliegue de una trama que pone sobre la mesa los más bajos instintos del sistema político mexicano, sin respetar a los llamados intocables.

En la teleserie, militares del más alto rango son los verdaderos dueños de la casa presidencial y de las decisiones que ahí se toman. Ellos son quienes, de verdad, en contubernio con poderosos empresarios, gobiernan a México.

Ingobernable plasma el juego real de poder entre títeres y titiriteros, en donde los títeres son los políticos desechables y los titiriteros son los verdaderos dueños de la nación.

En la trama se despliegan misterios que van desde jóvenes desaparecidos -¿alusión a Ayotzinapa?- hasta policías que protegen a las mafias del contrabando y la droga en Tepito.

Es cierto que en el complot se asoma el rostro de un presidente que es asesinado cuando buscaba, con un discurso, cambiar el destino de una nación frente a aquellos que la mantienen sometida. ¿Un Colosio?

Pero por desgracia la crudeza de las realidades que plantea Ingobernable acaban por inocular en quien la ve, esa sensación de decir “no quiero saber nada de política”.

A menos que seas un ser sin escrúpulos, desbordado de avaricia y dispuesto a dejar tu vida en el intento.

Ese es el sabor que queda después de ver los 15 episodios de la primera temporada. Y por eso los contrastes y la controversia que genera esta primera serie política mexicana de Netflix.

Porque al mismo tiempo que tiene la valentía de exhibir sin reservas de qué desechos está hecho el sistema político mexicano, acaba por alejar o de plano inhibir, a cualquiera que tenga alguna sana intención de rescatarlo. Sería su muerte.

Quizá sea demasiado prematuro para dar un juicio definitivo sobre Ingobernable, cuando apenas concluyó su primera temporada.

Pero Epigmenio Ibarra tendrá que hacer malabares para rescatar el final de ese sentimiento de rabia e impotencia que siembra, y que sin duda tendrá sus efectos en la elección del 2017, no se diga la presidencial del 2018.