El diluvio

Nadie sabe cuál es el Arca de Noé de esta democracia latinoamericana, pero lo que sí se sabe es que al parecer el agua de la justicia por fin ahogará a los corruptos

 

Nueve ministros, tres gobernadores, los presidentes de la Cámara Alta y Baja, y setenta parlamentarios serán investigados por autorización del Tribunal Supremo de Brasil como parte del proceso sobre la enorme red de complicidades políticas del caso Odebrecht.

Ese diluvio le llegó a todos, desde José Sarney, pasando por Fernando Collor de Mello -sometido a un impeachment que le costó la presidencia por motivos de corrupción- Henrique Cardoso, llegando hasta Lula da Silva y por supuesto a Dilma Rousseff, quien al igual que Collor de Mello fue removida de su cargo.

Nadie sabe cuál es el Arca de Noé de esta democracia latinoamericana, pero lo que sí se sabe es que al parecer el agua de la justicia por fin ahogará a los corruptos.

¿Pueden los sistemas jurídicos estar representados por los hombres y al final tener la coherencia, la inteligencia y la honestidad de cumplir las leyes bajo las cuales los elegimos?

Y es que, un día es detenido un exgobernador mexicano en Italia de una manera tan curiosa que parece hecha al estilo Genaro García Luna. Es decir, es una Policía que al detenerte te da la mano y te pide educadamente que los acompañes, y tú que vienes caminando con un amigo, los acompañas después de que dura un ratito la mentira de asegurar que tú no eres tú. Pero en ningún momento se ve terror o pánico, es como si Yarrington supiera lo que le espera al final del camino.

Y otro día, en uno de los mejores hoteles de Guatemala, sin estar precisamente escondido, detienen a otro exgobernador, Javier Duarte, que con una sonrisa avanza esposado en un vehículo, recordándonos el rostro cínico de la corrupción y el uso ilícito de todo el dinero que le arrebató a su pueblo.

¿Y la justicia? Esa que ha podido encauzar a 5 expresidentes brasileños, la que ha podido detener a dos de los prófugos más buscados en México fichados por la Interpol, ¿hasta dónde llegará?

Es el diluvio, pero los pueblos tienen que saber que la libertad siempre es un proceso traumático y sanguinario, y que librarse de la corrupción traerá consigo mucho dolor y soledad.

Pero cuando llegue ese momento quiero recordar que casi el 20% de los brasileños son pobres, y que en parte lo son gracias a la corrupción de sus dirigentes.

Y qué decir de México y del resto de los países de América Latina, qué decir de esta lucha contra la corrupción, la pobreza y la desigualdad.

Ojalá esta lluvia purificadora nos dé la sensatez y la cordura suficiente como para que cuando las aguas se retiren construyamos un sistema donde de origen decapitemos a la hidra que termina comiéndose nuestro futuro.

Pero mientras tanto hoy, que rece el que no sepa nadar.