¿Dónde está? ¿Dónde lo encuentro? La búsqueda acuciosa fue en vano. Perdí más tiempo en la tarea que en la redacción de estas líneas.

Una extraña fijación me acompaña. Mis libros y mis discos compactos, son mis dos grandes tesoros inanimados; cobran vida sólo cuando se les lee o se les escucha.
Después de varios minutos, quizás horas, hurgué detenidamente, los lugares donde podía esconderse  el “Demian” de Herman Hesse. Tal vez anda por aquí, queriendo que no lo encuentren; probablemente lo presté o lo regalé a propósito de cualquier cosa. No lo recuerdo.
Asimilé mi frustración y tuve que pedir ayuda a San Google. Ahora pienso: valió la pena, porque hizo posible compartir las palabras exactas de su Introducción de 1919; después de terminada la Gran Guerra.
Hoy que nos encontramos en la incertidumbre de una nueva, la tercera conflagración de proporciones impredecibles, era menester compartir esas palabras con ustedes, considerando además que el libro, la novela, fue escrita en primera persona, a manera de autobiografía y después de tantos años, está en nuestro tiempo y espacio, recién terminado el Viernes Santo, más vigente que nunca.
“… además es la historia de un hombre: no la de un ser inventado, posible, ideal o no existente, sino la de un hombre real, único y vivo. Lo que esto significa, un ser vivo, se sabe hoy menos que nunca, y por eso se destruye a montones de seres humanos, cada uno de los cuales es una creación valiosa y única de la naturaleza… en cada uno se ha encarnado el espíritu, en cada uno sufre la criatura, en cada uno es crucificado un salvador”.
La historia se repite. Hoy menos que nunca se sabe y valora nuevamente lo que un ser vivo significa y los líderes mundiales se provocan y muestran una retórica tan ligera, como si se tratara de un filme de los buenos contra los malos. Buscan un pretexto para demostrar algo que seguramente no coincidirá con la realidad. La capacidad de destrucción de sus juguetes cada día más sofisticados, sin dar cabida a la posibilidad de que el enemigo lo supere. Los juguetes de los Jefes de Estado son las armas; y unos están más obsesionados que otros.
Es verdad que el Estado tenga el monopolio legítimo de la violencia para salvaguardar la soberanía exterior e interior, pero hoy se habla cada vez menos de Soberanía y se habla más de provocación. Cualquier pretexto es bueno para despertar el demonio de la animadversión y dar rienda suelta a todas las enfermedades neuronales y trastornos de la personalidad, juntos.
El punto es que hoy los juguetes son nucleares, mucho más destructivos que los de las dos guerras mundiales y no impera la razón. Una suerte de egolatría, personificando al país, se asegura de contar entre sus arsenales con la mas poderosa arma de destrucción masiva, que son generalmente las bombas.
Es Erasmo de Rotterdam contra Kim Jong-Un y Donald Trump. Sería la más estúpida de las guerras porque dos estúpidos la iniciarían.
La megalomanía de Trump que confunde su calidad de Jefe de Estado de la nación más poderosa del mundo. No le interesa convivir, interactuar. El etnocentrismo es su bandera y la globalización que su país engendró, no la conoce o no le interesa. Habría que quemar la obra de Adan Smith y cerrarse al proteccionismo, a la autosuficiencia.
Ejercer el poder para él va más allá de los Estados Unidos y del Derecho Internacional.
La democracia se inventó en su suelo con Tocqueville. Él no escucha mayorías ni minorías. La democracia es él. Luis XIV reencarnado a diario. Sin decirlo, practica la filosofía de “El Estado soy yo”.
El norcoreano no difiere mucho en lo neuronal. Ególatra, facista, proteccionista aunque Corea del Norte dependa comercialmente, en gran medida, de China. Necio, autoritario, aferrado, megalómano, intolerante; alardea con seguridad de una realidad que es la suya, está en su mente y de ahí no saldrá a la realidad. Alardea que va a destruir, por la vía de las armas, a los Estados Unidos.
El viernes celebraron el 105 aniversario del nacimiento de su abuelo Kim Il-sung fundador de su patria con un magno desfile militar y sábado es el Día del Sol. Cualquier oportunidad es buena para mostrar el potencial balístico de sus armas.
Trump ordenó detonar a “La madre de todas las bombas” en Siria, con un poder de destrucción provocado por el equivalente a 11 toneladas de explosivo, a pesar de no ser arma nuclear e inmediatamente Rusia le hizo saber que ellos tienen al “Padre de todas las bombas” no nuclear pero con una potencia 4 veces superior a la estadounidense (44 toneladas de explosivos).
Kim Jong-Un preparaba en el marco del desfile su sexto ensayo nuclear, Trump pone en marcha un portaviones  atómico con destino a las costas de Norcorea.
Hoy sabemos que el sexto ensayo nuclear norcoreano fue un fracaso y conocemos los planes de Trump de no agredir a su principal provocador verbal y tenerlo bajo una política de “máxima presión” ante el fracaso de la mediación de China que parece no estar funcionando. La personalidad del norcoreano, el  “socio rebelde” quiere una victoria;, imponerse, demostrar, no importando cuántas vidas se pierdan.
48 años separan a uno del otro. Trump nace terminada la Segunda Guerra Mundial,lo que lo hace el presidente más longevo en la historia de los Estados Unidos; y Kim ve la luz en medio de la euforia del lanzamiento de “Thriller” de Michael Jackson en 1984, el disco más vendido en la historia de la música.
Gorvachov y el Papa anuncian que “el mundo se está preparando para la guerra”; y un tuitero escribe “Aquí en el sillón esperando que empiece la Tercera Guerra Mundial…”. Putin anuncia que es muy probable que en el marco de la celebración norcoreana, el joven Kim ordene el ensayo nuclear, como fue, aunque no nuclear, mientras el discurso sube de tono y la palabra “nuclear” comienza a escucharse cada vez más.
“World War 3” fue tendencia en Twitter y rompió récord como la frase con mayor número de menciones en la breve historia del Twitter. Hablar de guerra con tanta ligereza, nos pone ante un ser humano insensible, desinformado o malinformado, seguro de que no pasará nada.
Al menos Einstein nos dejó la “tranquilidad” de una Cuarta Guerra.
Al momento de que lea usted –amable lector- este artículo, el mundo se encuentra en “paz”, al menos sin bombas de un continente al otro.
Aquí, pensando en 2018 y los cargos menores (la obsesión por las senadurías) ; en la llevada y traída renuncia del segundo abordo en Oaxaca; en el sucesor; en Maduro…
Ojalá gane quien gane, pierda quien pierda, lleguemos al menos, en una nueva guerra fría para esas fechas.
Ojalá tengamos vida y sigamos viendo a nuestros hijos crecer.
Finalmente, históricamente se ha comprobado que las guerras son más lo que destruyen que lo que edifican y México tendría que tomar partido para pelear por intereses que no son nuestros.
Repasemos la Doctrina Estrada, para que no quede sepultada en el olvido.
@MoisesMolina