Por qué los autoritarios atacan las artes

En 1937, los líderes ascendentes del Tercer Reich organizaron dos exposiciones de arte en Múnich. Una de ellas, la “Gran exposición de arte alemán”, tenía arte que Adolf Hitler consideraba aceptable y reflejaba una sociedad aria ideal: representativa, con gente rubia en poses heroicas y paisajes pastorales del campo alemán. La otra presentaba lo que Hitler y sus seguidores denominaban “arte degenerado”: obras modernas o abstractas, y arte producido por personas que los nazis desaprobaban (judíos, comunistas o sospechosos de serlo). El “arte degenerado” fue presentado con desorden y caos, acompañado de etiquetas despectivas, grafiti y entradas de catálogo que describían “los cerebros enfermos de aquellos que usaron el pincel o el lápiz”. Hitler y sus allegados controlaban estrictamente cómo vivían y trabajaban los artistas de la Alemania nazi, porque entendían que el arte podía desempeñar un papel clave en el ascenso o la caída de su dictadura y su visión para el futuro de Alemania.

¿Estamos viviendo el preámbulo de una Tercera Guerra Mundial? Es la pregunta que impregna el aire tras los acontecimientos registrados en los últimos meses a nivel global. Acontecimientos que, de algún modo, evidencian una disputa por el control del mundo entre dos bandos: Estados Unidos y Europa, por un lado, frente a Rusia y China, en el otro lado. Una reedición de la Guerra Fría que ha revivido los viejos temores de un holocausto nuclear, ante las crecientes tensiones entre las principales potencias bélicas del planeta.

El pasado 7 de abril, Estados Unidos bombardeó una base militar Siria con el pretexto de que, supuestamente, el gobierno sirio de Bachar Al-Assad utilizó armas químicas contra civiles en la provincia de Idlib. Sin embargo, no existen pruebas de que el ataque con armas químicas haya sido perpetrado por el gobierno sirio, y por el contrario, los expertos consideran altamente probable que dicho ataque haya sido realizado por rebeldes sirios apoyados por Washington, tal como ha ocurrido antes, según revela un informe de Naciones Unidas de 2013, en el cual se documenta la manera en que los rebeldes sirios utilizaron gas sarín contra el gobierno sirio.

Pese a la falta de evidencias, el gobierno de Estados Unidos, encabezado por el presidente, Donald Trump, y los gobiernos europeos, han justificado el ataque norteamericano contra Siria mientras que el presidente ruso, Vladimir Putin, calificó el hecho como una “agresión contra un país soberano”.

El ataque de Estados Unidos provocó que Rusia suspendiera los acuerdos de no agresión firmados con el gobierno norteamericano, movilizó un barco de guerra al Mediterráneo y convocó a una reunión urgente del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas.

Durante la reunión, Estados Unidos advirtió que habría más bombardeos y Europa respaldó los ataques contra Siria. Mientras tanto, Rusia acusó a las potencias occidentales de utilizar el ataque de armas químicas en Jan Sheijun, en la provincia de Idlib, como una justificación para que Estados Unidos y la OTAN pueda entrar militarmente en Siria, con pretextos similares y carentes de pruebas como los utilizados para intervenir militarmente en Medio Oriente en 2003. De ahí que el representante ruso ante el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, reprochó que las potencias Occidentales no reaccionaran de la misma forma ante el ataque con armas químicas perpetrado por el Estado Islámico en Mosul, Iraq, tanto en marzo como a inicios de abril.

Los ataques de Estados Unidos sobre Siria han sorprendido a los analistas, quienes advierten una posible escalada del conflicto bélico entre Rusia y la OTAN, luego de que en las últimas semanas, diversos atentados supuestamente perpetrados por organizaciones terroristas aumentaran las tensiones entre Rusia y Occidente.

Una situación que ha agudizado las tensiones geopolíticas entre Rusia y Estados Unidos, debido a que Siria es un país estratégico para los intereses de ambos países y donde los rusos tienen su mayor base militar fuera de sus fronteras. Un conflicto bélico que además, sirve de colofón al conflicto que se vive en Medio Oriente entre países antagónicos como Israel (aliado de EU) e Irán (aliado de Rusia).

¿Terrorismo o guerra fría?

Los bombardeos ordenados por Trump, se dan un par de días después de que el pasado 4 de abril un presunto atentado terrorista en el metro de San Petersburgo, Rusia, acabó con la vida de 14 personas. El contexto del ataque cobra relevancia por varios motivos. Uno de ellos, es que los atentados se produjeron justo después de que Putin visitara San Petersburgo, su ciudad natal, por lo cual, podría interpretarse como un mensaje al presidente ruso por parte de grupos extremistas islámicos. Sin embargo, es una práctica común que los servicios de inteligencia financien a extremistas islámicos para promover un ataque contra países enemigos, tal como en el pasado ha hecho Estados Unidos, por lo cual, tampoco puede descartarse que el atentado en San Petersburgo pueda tener un fin estratégico en el contexto de la Nueva Guerra Fría entre Estados Unidos y Rusia.

No en balde, los rusos señalaron a las potencias Occidentales: “Ni se les ocurra enemistaros con el mundo árabe”. Esto es lo que dijo el representante de Rusia, Vladimir Safrónkov, ante el Consejo de Seguridad de la ONU. “En realidad, la agresión de Estados Unidos no hace más que fortalecer el terrorismo”, recalcó Safrónkov, agregando que los terroristas “se han animado” al recibir “este tipo de apoyo de Washington”.

También por eso cobra relevancia que apenas un día después del bombardeo de Estados Unidos a Siria, se registrara otro supuesto ataque terrorista en Suecia, cuyo perpetrador, un uzbeko, contaba con un “dispositivo técnico” en su vehículo, que posiblemente se tratara de una bomba. ¿Una respuesta de la inteligencia rusa? Aunque no existe ninguna prueba de ello, esto podría no parecer tan descabellado si tomamos en cuenta que las tensiones entre Rusia y Suecia han aumentado en el último año, a raíz de que la OTAN ha aumentado su presencia en el norte de Europa para impedir la expansión militar de los rusos, hecho que ha provocado que, por ejemplo, el servicio militar obligatorio se haya reactivado para los jóvenes suecos. Algo que también ha provocado tensiones y un mayor despliegue militar en el Báltico, tal como ocurre entre Noruega y Rusia debido al desembarco de marines estadounidenses en el país nórdico.

Esto sin contar con otros antecedentes recientes como el asesinato del embajador de Rusia en Turquía, país enemistado con el presidente sirio Bachar Al-Assad, pero que en los últimos años ha tenido un acercamiento cada vez mayor con Rusia y un distanciamiento de Estados Unidos tras el fallido golpe de Estado contra el presidente Recep Tayyip Erdogan.

Otro antecedente es la crisis política en Ucrania que entre otras cosas provocó la anexión de Crimea y Sebastopol por parte de Rusia en 2014, hecho que fue condenado por las potencias Occidentales, incluyendo el derribe de un avión comercialpresuntamente por parte de las fuerzas armadas rusas. Por ello, no es casualidad que la crisis política en Ucrania está ligada a una adhesión de aquel país a la Unión Europea, y una posible expansión de las bases de la OTAN en el perímetro ruso.

El despliegue armamentístico de las potencias ha provocado que incluso la Unión Europea esté discutiendo tener su propia fuerza nuclear.
De ahí que los rusos hayan aumentado y reforzado su potencial bélico en los últimos años y fortalecido su alianza político-militar con los turcos, pese al asesinato del embajador en aquel país, suceso que parecía buscar una ruptura entre Rusia y Turquía. Sin embargo, el ataque a Siria también reavivó las diferencias entre Moscú y Ankara, luego de que el gobierno turco recriminara a los rusos su apoyo al gobierno sirio tras el bombardeo estadounidense. Un hecho que posiciona a Turquía como un aliado geoestratégico tanto para Estados Unidos como Rusia.

En el último año, la OTAN ha desplegado cuatro multibatallones en Estonia, Letonia, Lituania y Polonia, mientras que Rusia ha respondido instalando misiles tácticos de corto alcance Iskander-M en el Kaliningrado, entre Polonia y Lituania.

Según datos del Ministerio de Defensa de Rusia, los vuelos de reconocimiento de la OTAN en las fronteras rusas se ha multiplicado de manera drástica, ya que “en los años noventa hubo 107 vuelos de este tipo; en la década del 2000, 298, y en solo este año (2016) ya llevamos 852”, según indicó el ministro de Defensa ruso, Serguéi Shoigú en diciembre pasado.

El poder la geografía

La disputa entre Rusia y las potencias Occidentales (Estados Unidos y Europa) por el control de Ucrania y Turquía tiene un interés económico y geoestratégico, ya que buena parte de la estrategia y posturas de países europeos, tiene que ver con reducir la dependencia energética de Europa frente a Rusia. Un tercio de las importaciones de petróleo, el 39% del gas y el 29% de combustibles sólidos proviene de Rusia, país que además, es el único proveedor de las importaciones de gas de seis países de la Unión Europea.

De este modo, el ataque de Estados Unidos a Siria provocó “un daño considerable” en las de por sí deterioradas relaciones entre norteamericanos y rusos, según declaró Putin.

Una relación que, en los últimos meses, ha estado marcada por las acusaciones del gobierno de Estados Unidos acerca de que Rusia intervino en el proceso electoral estadounidense que llevó a la presidencia a Donald Trump, a través de una red de ciberespionaje ruso que obtuvo información de los cuarteles generales del Partido Demócrata, misma que interfirió en el resultado de la elección estadounidense, según la excandidata presidencial demócrata, Hillary Clinton.

Esto provocó que el entonces presidente Barack Obama expulsara de suelo estadounidense a por lo menos 35 funcionarios de inteligencia rusos, en diciembre pasado.

La intervención de Rusia en la elección estadounidense, es un tema que podría derivar en una posible destitución de Trump, luego de que la investigación realizada por el FBI abriera diferentes vías legales para que el Congreso de los Estados Unidos pueda solicitar la remoción del actual presidente. Un caso que cobra cada vez más fuerza, luego de que la investigación contra Trump ha permitido documentar cada vez más vínculos entre su equipo de campaña y agentes de inteligencia rusos.

China, Corea del Norte y la batalla por el control del Pacífico

Pero Europa y Medio Oriente no son las únicas regiones del planeta donde se han movido las piezas del ajedrez geopolítico, ya que inmediatamente después de los bombardeos de Estados Unidos a Siria, el gobierno de Donald Trump ordenó mover una flota de ataque cerca de la Península de Corea. Un asunto que complicará más las relaciones entre Estados Unidos y China, tras el acercamiento de Trump con Taiwán, considerada por Beijing como una provincia en rebeldía.

Esto, aún cuando el gobierno chino ha reconocido la necesidad de frenar las amenazas del líder coreano, Kim Jong-un.

El movimiento de Estados Unidos se dio luego de que Corea del Norte realizara pruebas con misiles nucleares en el mar de Japón, justo un día antes de que el presidente de China, Xi Jiping, se reuniera por primera vez con Donald Trump, durante una visita a Florida. Un encuentro en el que Trump decidió presionar a su homólogo chino para detener el programa nuclear de Corea del Norte, bajo la amenaza de intervenir militarmente en la región, de manera unilateral.

“Si China no va a resolver Corea del Norte, lo haremos nosotros”, declaró Trump a principios de la semana pasada en una entrevista con el Financial Times.

De acuerdo con un reporte de la NBC, altos funcionarios del gobierno estadounidense
informaron que el Consejo de Seguridad Nacional de la Casa Blanca busca instalar armas nucleares en Corea del Sur o matar al dictador Kim Jong-un, como respuesta al programa nuclear que realiza Pyongyang.

La instalación de arsenal nuclear estadounidense en Corea del Sur, ha derivado en una creciente preocupación y molestia del gobierno chino ante una mayor intervención estadounidense en su zona de influencia. Una maniobra estratégica en la que el gobierno estadounidense instaló un escudo antimisiles de alta tecnología, conocido como Sistema de Defensa Terminal de Área a Gran Altitud (THAAD, por sus siglas en inglés), en Corea del Sur durante marzo pasado, hecho que provocó la reacción enérgica de China y sus aliados rusos.

“Quiero enfatizar que nos oponemos firmemente al despliegue del THAAD en Corea del Sur y tomaremos firmemente las medidas necesarias para defender nuestros intereses en materia de seguridad”, manifestó un portavoz del Ministerio de Exteriores chino, Geng Shuang, en marzo pasado.

Un informe del gobierno estadounidense, publicado por la Comisión de Revisión Económica y de Seguridad EU-China en marzo pasado, señala que “China y Rusia parecen avanzar hacia un nivel más alto de cooperación en materia de defensa”, ya que las tres áreas principales de la relación de defensa bilateral, han aumentado el nivel y la calidad del compromiso entre ambos países.

De este modo, la alianza militar entre China y Rusia ha derivado en un aumento en la venta de armamento ruso de última generación, incluyendo el sofisticado sistema antimisiles S-400 (SAM). Entre 2012 y 2016, China y Rusia han llevado a cabo ejercicios militares conjuntos en al menos 25 operaciones.

El acercamiento militar entre China y Rusia frente a Estados Unidos y Europa (alianza que se mantiene viva luego de que Trump reiterara su apoyo financiero a la OTAN pese a considerar “obsoleto” el acuerdo militar entre las potencias Occidentales), ha revivido los temores de una guerra de grandes proporciones ante la nueva carrera nuclear encabezada por Trump y Putin.

Un informe reciente de la Arms Control Association con sede en Washington, señala a Rusia como la mayor potencia de armamento nuclear del planeta con cerca de 7 mil ojivas nucleares, frente a 6 mil 800 de Estados Unidos. Más abajo le siguen Francia, con 300; China con 260; Reino Unido con 215; Paquistán con 140; India con 110 e Israel con 80 ojivas nucleares.

ARMS CONTROL ASSOCIATION
El despliegue armamentístico de las potencias ha provocado que incluso la Unión Europea esté discutiendo tener su propia fuerza nuclear, encabezada por Francia, situación que hasta hace unos años “parecía inimaginable”, según destaca el The New York Times en un reporte de marzo pasado.

Las tensiones entre Estados Unidos y China se producen en medio de una batalla económica, en la cual, el crecimiento de la economía china de las últimas décadas arrebató a los estadounidenses la posición como la mayor potencia económica del planeta, desde 2014. Una disputa económica en la que el control de las rutas comerciales del Océano Pacífico, donde se desarrolla el 50% de las redes comerciales del mundo, juegan un papel crucial para los intereses de Estados Unidos y China.

 

Otro factor relevante a la hora de comprender en el complejo rompecabezas internacional tiene que ver con los problemas que enfrenta el gobierno de Trump al interior de la Casa Blanca.

El magnate neoyorquino vivió un arranque caótico durante los primeros meses de su mandato: jueces que cancelaron sus órdenes ejecutivas, despidos prematuros, falta de coordinación en su equipo, manifestaciones, una derrota contundente en el Congreso luego de que demócratas y republicanos bloquearan su intento de echar abajo el programa de salud conocido como el Obamacare y un posible juicio político en puerta por la intervención rusa en su campaña presidencial.

Justo antes del ataque a Siria, Steve Bannon, el principal asesor de Trump, fue removido del Consejo de Seguridad Nacional tras sus diferencias con el otro polémico asesor del presidente: su yerno, Jared Kushner, quien cada vez toma más poder dentro de la Casa Blanca.

Una crisis interna que el conflicto bélico en Siria podría darle un respiro a su administración, al mismo tiempo que le permite tomar distancia de Putin.

“Al lanzar un ataque militar aéreo tan solo 77 días después de empezar su mandato, el presidente Trump tiene una oportunidad –sin garantía alguna– de cambiar la percepción de desorden en su gobierno”, asegura un texto reciente de The New York Timesen el que se analizan algunos escenarios para Trump tras el bombardeo a Siria.

Sin embargo, no son pocos han advertido que la falta de prudencia de Trump puede crispar aún más los ánimos en un contexto internacional donde la movilización de tropas y las alianzas militares se han vuelto cada vez más comunes.

Esto ha revivido los temores de que el conflicto bélico y las tensiones diplomáticas entre las potencias pueda desencadenar una Tercera Guerra Mundial. Las condiciones están dadas. Basta revisar la historia para encontrar algunas similitudes en los antecedentes que produjeron las dos guerras mundiales que marcaron al siglo XX.

La expansión de China y Rusia, frente a los intentos de Estados Unidos y Europa por mantener la hegemonía planetaria, han provocado que las potencias bélicas hayan comenzado a mover sus piezas en el tablero de la geopolítica internacional. Un reacomodo de poderes que está reconfigurando un nuevo orden mundial donde basta solo una chispa que el mundo comience a arder. Ojalá no ocurra.

*The Huffington Post México

* Manuel Hernández Borbolla  Reportero. Ganador del Premio Alemán de Periodismo Walter Reuter 2014.