los vaivenes del sistema educativo mexicano (IV parte) la penúltima de maestros y “Reformas”

A un hermano, quien, en su momento, antes de partir,me hiciera comentarios interesantes para enriquecer el tema ycompartiera entre los profesestos artículos que ahora estamos reeditando.A la memoria de Cervando Santiago Gómez (QEPD),el gran Blanco como le conociera el pueblo.

Continuamos con esta serie de artículos publicados hace algún tiempo y que estamos reeditando sin cambios en sus contenidos para que el lector pueda formar su propio juicio sobre la eterna problemática de la educación pública en nuestro país. El subtítulo de esta entrega es el título con el que apareció en este mismo diario el domingo 8 de septiembre del 2013. Estamos pendientes.
Sin temor a equivocarme, estoy cierto que ya nadie quisiera hablar o escribir sobre algo que no tiene solución satisfactoria alguna, al menos no para la sociedad en su conjunto, pues al final de cuentas una vez más es una lucha entre dos radicalismos de poder, el de la CNTE y el del gobierno de la “exrepública” en complicidad con el SNTE y aliados fariseos de la educación.
Sin embargo, hoy sólo quiero compartir con ustedes, lectores, una historia que ni los unos ni los otros han tomado en cuenta a la hora de llevar sus necedades al límite. Es la historia que todos quisiéramos repetir, de esas que siempre se lamenta que hayan dejado de ser un lugar común en este México nuestro. A pesar de todos los sofisticados avances tecnológicos y científicos, aun no logramos superar esas épocas gloriosas de nuestra historia.
Quién no ha escuchado alguna vez a las abuelas y a los abuelos contar sus vidas, sus correrías de escuelas, la estoicidad de sus hazañas para lograr escalar peldaños hasta llegar a las metas trazadas. Cuando la familia era el centro del debate y de la planeación de las vidas de sus miembros para salir adelante en la vida, lugar y espacio donde se esmeraba el pasaje de cada uno de ellos para vencer vicisitudes y remar a contracorriente por alcanzar el sueño de “ser alguien en la vida”. Hoy el lugar común no existe más, la superficialidad ha sustituido al sentido de pertenencia y a la responsabilidad social, a la autoridad legítimamente constituida y acatada por convicción y respeto profundo, no por sumisión.
Bien, veamos. Oaxaca, estado pobre por designio de sus gobernantes, pero rico en sus recursos, naturales y humanos, tuvo alguna vez, profesionales, aunque no todos eran profesionistas, que amaban su trabajo. Muchos de nuestras abuelas y abuelos fueron maestras y maestros municipales, rurales, que no llegaron a cursar más allá del sexto año de primaria, pero que dado su alto aprovechamiento (así se calificaba, no había estupideces como “calidad”) eran seleccionados como APTOS para el servicio docente; y entonces iniciaban un verdadero apostolado con su universal conocimiento de las ciencias, la lengua, las artes y las actividades físicas y cívicas.
Esa parte no creo que haya mexicana(o) alguna(o) que lo ignore. Su mejor evaluación era, justamente el gran reconocimiento social y la superación de sus discípulo(a)s. Era pues, una enorme escuela de maestros convencidos de su vocación magisterial y de su servicio patriótico.
Tiempos más cercanos a los nuestros, podemos afirmar que ni los actuales “líderes” sindicales, ni mucho menos las “autoridades” del sistema educativo, conocen la historia de miles de familias mexicanas, sobre todo de estados como Chiapas, Hidalgo, Guerrero, Morelos, Tlaxcala y Oaxaca, donde la pobreza es la vida misma, en cuyo seno, se formaron no solo maestros de generaciones de niñas y niños que aprendieron de sus conocimientos, sino –y aquí lo más importante- esas y esos maestros fueron en sus familias primeras generaciones que tuvieron acceso a una formación profesional, a una carrera, a una posibilidad de sacar adelante a los demás miembros de sus familias. Si señoras y señores, muchos hijos de campesinos, de obreros, de jornaleros, de sastres, de albañiles, de empleados, pero sobre todo mucha gente del campo, de las comunidades, tuvo la posibilidad de estudiar, graduarse y servir al país no solo en las aulas sino como eslabón para que sus hermana(o)s aspiraran a otra profesión más costosa, muchos médicos, ingenieros, abogados, contadores lograron sus estudios de la mano de algún(a) maestra(o) que contribuyo a mejorar el nivel (nivel no calidad) de vida de sus familias y hasta de otras personas cercanas a ellas.
Desde luego que solo estoy recreando una de esas historias de las que ingratamente, tanto los gobiernos como los seudolíderes actuales no tienen presente. De normales internados y de otras llamadas piloto (establecidas temporalmente para formar una o dos generaciones del magisterio que cubriese la falta de maestros) surgieron innumerables profesores que sin esas escuelas públicas y que el Estado mexicano procuraba en esos tiempos, no hubieran forjado el perfil del México de las épocas más brillantes. En Oaxaca, eran Reyes Mantecón, Comitancillo, Tamazulapan, en Chiapas, Mactumactzá, en Guerrero, Ayotzinapa, por mencionar solo las más cercanas a mi memoria. De ellas, amigas y amigos surgieron gente de enorme talento y gran capacidad cognitiva que brindó su saber y contribuyó a mejorar la vida de sus familias, de sus comunidades y de las comunidades donde les tocaba impartir sus conocimientos, y sobre todo, del país, este ingrato país que hoy, está a punto de cerrar todas esas escuelas para convertir la educación pública en una banco de datos fríos donde se vende calidad y se compra basura como los juguetes chinos. Esa es la historia que ni los propios profesores de hoy ni mucho menos las empresas interesadas en hacer de la escuela pública un gran negocio se atreven a revisar.
Bueno para que la nostalgia no nos gane y no piensen que no sabemos en qué mundo vivimos hoy les dejo mi añoranza que al menos yo aún me tocó vivir y beber de ella, como muchos ingratos que ya no quieren recordarla ni reflexionar en torno a ella. Mentadas y menciones ya saben, dirigirlas a nigromancias@gmail.com twitter: @JTPETO hasta la próxima y mientras tanto que haya una pizca de paz.