Servir dos veces en el mismo cargo, es servir no sólo bien, sino mejor.

“Un presidente de un Tribunal es imperioso sea conocedor del derecho y mediador, para que el andamiaje judicial sea armonioso en su función” Manolo

En estos nuestros días, el accionar pobre de quienes andan inmersos en la cosa pública ha dado por resultado que el vocablo político acabe convertido en una acepción peyorativa. Coincidimos en que, en su gran mayoría, la actuación de la generación actual de hombres públicos, en el buen sentido del concepto, deja muchísimo que desear. Sin embargo, quienes entendemos la política como el arte de gobernar, no compartimos esa perspectiva. Lo que sucede es que actualmente a cualquiera, por el hecho simple de involucrarse en la actividad pública, se le llama, o es calificado como, político. Ante ello, nos fuimos a buscar sobre el tema entre las lecturas de antaño y encontramos un volumen que hace tres décadas y un tercio leímos por vez primera. El volumen, escrito en 1908, se titula “El Político”, y fue obra de José Augusto Trinidad Martínez Ruiz. Tal vez el nombre no diga nada, pero si lo mencionamos por su seudónimo, “Azorín”, seguramente lo recordaremos en las lecturas de los tiempos en que se cursaba la preparatoria.

Respecto a la incontinencia oral que la mayoría posee, el autor español indicaba que “la virtud de la eubolia [prudencia] consiste en ser discreto de lengua, en ser cauto, en ser reservado, en no decir sino lo que conviene decir.” En ese contexto, “el político, (no debe ser) fácil a las conversaciones y conferencias con publicistas y gaceteros; cuando haya conferenciado con alguien sobre los asuntos de sus funciones, no vaya pregonando lo que ha dicho, por qué lo ha dicho y cuál ha sido la causa de no haber dicho tal otra cosa.”

El caso es que soy testigo de la historia que se dio el relevo del Presidente del Tribunal Superior de Justicia del Estado de Oaxaca, el pasado lunes, que mediante sesión se desarrolló, emitiendo un discurso breve y conciso el recién ungido titular de ese poder, el doctor Raúl Bolaños Cacho, reconociendo el esfuerzo y trabajo del magistrado saliente, Alfredo Lagunas Rivera, comprometiéndose  de inmediato cumplir a los oaxaqueños en la noble tarea de impartir justicia, expresando el gusto de reencontrarse con amigos togados, que forman parte del Pleno de dicho órgano judicial.

Enfatizando su interés porque sean atendidos los pueblos originarios que tienen entre causales como impedimento el idioma, no saber leer, ni escribir, a quienes se les dará atención muy cercana para que se  vean favorecidos en sus reclamos de justicia a la que tenemos todos el derecho a gozar de ella. Destacando que con el gobernador Alejandro Murat Hinojosa, este gobierno descansa en el diálogo, pluralidad y la concertación política, premisas sustanciales de la democracia.

Al concluir el acto protocolario, recibió el saludo de sus amistades, y sostuvo oficialmente una primera reunión con sus colaboradores en el área administrativa. Implementando paso vertiginoso al día siguiente, acudiendo a las oficinas que alberga los juzgados civiles y familiares por el rumbo del templo del Marquezado, para enterarse de viva voz de las peticiones de los jueces y personal, avocándose a tomar nota, de sus necesidades.

Continuando con ese paso el tercer día al visitar los juzgados penales que se están en Ixcotel, con la misma temática, que posteriormente acudió a sus oficinas en Ciudad Judicial, para recibir  los magistrados presidentes de las salas civil, penal y familiar, en forma separada como atender a los titulares de cada dirección de esa institución, percatándose este relator del movimiento de su equipo que sirva de paso, son profesionales de todos conocidos, cuya trayectoria avala será otra gestión fructífera, el cual lo acompañó en la primera ocasión en que fungió como presidente de ese órgano colegiado.

Porque lo conozco opino, que es el doctor Bolaños Cacho Guzmán, ordenado y amante  a la lectura, como seguir preparándose en su carrera profesional ( sin pretender ser panegírico) discreto y de amplia diplomacia, baluartes que pondrá en funciones para lograr una reestructura que los nuevos tiempos se requiere, labor ardua y que por el bien de la ciudadanía deseamos así lo sea.

Viene a mi memoria una frase de Thomas Jefferson: “Hay algunos que creen que hay seres humanos que nacen con una silla de montar en el lomo, mientras que ellos han nacido con espuelas para subirse encima” lo cual ya en estos tiempos ya no creemos en la superioridad por nacimiento, entendemos la desigualdad, pero no toleramos que la justicia trate de manera distinta a unos ciudadanos que a otros si han cometido el mismo delito. De esa forma comulga Bolaños Cacho, quien exhortó a sus pares; “a impartir justicia con rapidez y sin privilegios, porque el éxito de la democracia de un pueblo reside en que la justicia se imparta a todos por igual”.

Conminando a que ese Poder sea “ejemplo de trabajo y unidad, nada más que la unidad para contribuir al engrandecimiento de Oaxaca”. Con enorme gusto recalcó: “Servir dos veces en el mismo cargo, es servir no sólo bien, sino mejor”.

Jugadas de la Vida

Miguel De Cervantes Saavedra Y William Shakespeare murieron el mismo día, el 23 de abril de 1616

Agradezco lectura y opinión a este artículo “Togado” al correo: ldojuanmanuel@hotmail.com

Twitter: @ldojuanmmanuel

 

Como era, y es común, el hombre en el poder realiza viajes por los territorios en donde lo ejerce. Con toda certeza, en cada lugar habrá de encontrar admiradores y amigos quienes en su afán de quedar le proporcionar todo tipo de atenciones y proferirán palabras para halagarlo. Sin embargo, “sepa el político en tales circunstancia desentenderse algún momento de esa corte de admiradores y amigos que le rodean, a su alrededor ellos han formado una atmósfera, una muralla que le impide ver en su normalidad, en su verdad, el pueblo o el país que visita”. Y vaya que conocemos acerca de esto, cuántas veces hemos observado a los “queda bien con el jefe” a quien le pintan todo en rosado y, en busca de alguna canonjía, le hacen creer que linda los límites de la excelsitud intelectual y que todo marcha como nunca antes gracias a lo atinado de su dirección. Como remedio para esto, el integrante de la generación del 98, indicaba que “…por las mañanas, bien temprano, o en alguna ocasión, él dejara la casa con sigilo, se apartará de la fiesta y se ira, bien solo o bien en compañía de un buen amigo a visitar y escudriñar el pueblo o la tierra adonde ha llegado. [De esa manera,] se informará sobre respecto a [las] vidas, [las] necesidades, [los] planes y [las] ideas [que] sobre la marcha de los negocios públicos [tienen quienes son sus gobernados.] Esto, ya sabemos, suena utópico y hasta nos llevó a recordar una de aquellas historias infantiles de cuando nuestro abuelo materno nos narraba los pasajes de “Las Mil y una Noches”. Pero dejemos anécdotas y volvamos al texto respecto a la actitud del político.

Cuando las cosas no marchan como se quisiera, es recomendable para el político no perder la paciencia, por ello, escribía Azorín, “no nos precipitemos, hay momentos en la vida de los negocios en que la multitud, la Prensa, la opinión pública se exacerba, se encienden y piden que se haga tal o cual cosa, en estos momentos hasta los espíritus más reflexivos pierden la sangre fría, hombres sosegados y discretos de ordinario, se exaltan y unen su voz a la de la multitud.” Aquí, nadie de los opinadores, en cualquier sentido, podemos decir que no hemos caído en esto, negarlo nos convertiría en hipócritas, pero no se trata de nosotros, volvamos al político. Quien “no debe en estos instantes dejarse arrastrar por el impulso general, si es preciso tenga el valor de arrostrar la impopularidad, la efervescencia, la pasión pasara, y entonces todos reconocerán que él tuvo razón, y la impopularidad de un momento se trocará en cimiento de su hombría de bien y de su sinceridad”. En esos momentos de bombardeo es cuando se conoce el temple del político.

Por ello, “el político debe meditar en el valor de las censuras y de las alabanzas. No conceda a la censura y la alabanza más valor del que tienen. Es fácil ser indiferente a la censura o sobreponerse a la contrariedad que nos produce; no es tan hacedero tomar el elogio en el sentido que realmente tiene”. Cuántas veces hemos observado, a políticos o no, envanecerse ante el elogio y creer que han alcanzado la excelsitud y por lo tanto han pasado a formar parte de un grupo selecto como si la alabanza fuera para siempre. En eso, “no estime el político [al igual que cualquier otro ser humano] un elogio en más de lo que realmente vale. Agradezca la buena voluntad de los que lo elogiaren, pero por encima de los ditirambos, de las hipérboles y de los entusiasmo de sus admiradores, él sepa poner un ligero y amable desdén”. Y en ello debe de ir implícito “nunca perder la sangre fría, [permanecer] siempre impasible ante el ataque”. Y aquí hay algo que un político nunca debe olvidar. No es permisible “que el político [caiga] en la candidez de creer en la famosa distinción entre el derecho y la fuerza. No hay más que una cosa: La fuerza. Lo que es fuerte es de derecho… Ha dicho un filósofo que los humanos, no pudiendo hacer que lo justo sea lo fuerte, han hecho que lo fuerte sea lo justo. En este espejismo, en este juego consolador vive la humanidad, se proclama el derecho, se grita por la justicia, pero en el fondo solo hay una cosa: Fuerza. La fuerza es la vida, y la vida es un hecho desconocido.” Ya sabemos que en los tiempos que corren en donde es políticamente incorrecto hablar de la fuerza del estado y que al hacerlo las almas suaves se estremecen. Sin embargo, las naciones, y sus pobladores, siempre preferirán tener al frente de sus destinos una persona que exhiba su poder al gobernar y no alguien que busque por cualquier medio complacer a todos para lo cual muestra posiciones blandengues que se mueven en función de hacia dónde corre el viento. No hablamos de ejercer el mando bajo tiranías, eso jamás, pero el respeto hacia el gobernante o el político se tienen cuando este actúa firmante conforme a sus convicciones y muestra de lo que está hecho. Solamente en esa forma puede consolidarse el presente para construir el futuro.

Nunca hay que olvidar que “las naciones se engrandecen y decaen en virtud de la savia que está escondida en ellas, nadie podrá detener su engrandecimiento, ni nada podría evitar su ruina; es un hecho fatal. No haga sobre ello el político filosofías, ni sentimentalismos. Si aparentemente, para el público, mostrase una cosa, sea su creencia intima, profunda, que no hay en el concierto nada más alto que la vida, y que la vida es la fuerza, que surge y que se tira”. Y tras de esto, Azorín recurre a los clásicos de la política.

Apunta que “Nicolás Maquiavelo quiere que el político sea como el león y sea como la vulpeja [zorra]… Es necesario ser vulpeja para conocer los lazos y ser león para espantar los lobos.” En ese entorno, Azorín, cita a Cicerón quien escribía que “de dos modos se puede hacer injuria: O con la fuerza o con el engaño, la fuerza parece propia del león, y el engaño de la vulpeja”. Y para cerrar las citas de los clásicos invocaba a Plutarco quien apuntaba; “lo que no se puede con la piel del león, debe de alcanzarse con la de la vulpeja”. Y sí, a lo largo de nuestra historia hemos tenido políticos que reúnen ambas características, pero durante los últimos tiempos a lo más que hemos llegado es a tener un dizque zorro que emanaba tufo de zorrillo, lo cual no fue percibido por los incautos a quienes engañó haciéndoles creer que representaba el cambio, pero lo que no les dijo era que en reversa, y miren hasta donde hemos llegado. Lo que sigue no tiene desperdicio a la luz de lo actual.

“Muchas veces oirá el político que le proponen que haga en su patria tal o cual cosa que se hace en un país extraño. Son muchos los que claman por que en su país se de una ley o se implante una institución como las que rigen y se han implantado en otros pueblos, muchos son los que creen que el bienestar de una nación se puede lograr por medio de tales trasplantaciones”. Al respecto, “el político habrá de reflexionar despacio sobre esto… Todos los países no son lo mismo, no es la misma su historia, no es la misma su tradición, no son las mismas sus condiciones físicas, no son los mismos, en fin sus hombres. Debe proceder, por tanto, con mucha cautela el político, él habrá de conocer lo que pasa en los países extranjeros, este conocimiento, le servirá de auxilio en sus gestiones… Pero el político no debe acoger sin estudio, sin una detenida reflexión previa, las leyes, trazas e instituciones de otros países… La labor del político ha de consistir en estudiar bien el país en que vive y gobierna, él ha de conocer cómo viven y piensan sus compatriotas; conocerá la historia de su patria, las tradiciones, las costumbres, las diferencias que existen de unas regiones a otras, conocerá también el grado de cultura del país, sus condiciones físicas, lo que produce y lo que puede producir; estudiara el estado de las industrias y las modalidades y características del Arte. Luego, el político… hará las leyes y dispondrá su gobierno. Es posible que los mismos que clamaban por las leyes e instituciones de otros países encuentren que las leyes e instituciones que ha creado el político no sean las que ellos querían, pero el político no se inquiete, él habrá gobernado y legislado de acuerdo con la realidad, de acuerdo con la realidad de su país y el genio de su pueblo, y sus leyes e instituciones serán eficaces”. Para que esto se transforme en realidad, decimos nosotros, es requerido que la nación cuente con hombres que sepan comprender y analizar lo que leen, pero esto al parecer es mucho pedir en nuestro país en donde la inmensa mayoría de quienes dicen ser políticos, del color o sabor que usted quiera, a lo más que llegan es a “ler” la síntesis informativa para ver que comenta acerca de ellos la prensa diaria. Y así, ni es factible tener políticos, ni mucho menos gobernantes que sean capaces de hacer retornar al país a la senda extraviada hace ya muchos ayeres.

Añadido (1) Lo apuntamos en este espacio hace un par de años, “las reformas no son actos separados, ni de corto plazo”. Con lo que no contábamos era con la estulticia de los involucrados en su manejo. Unos quieren seguir “ordeñando” la vaca vía impuestos y otros esconden la codicia encubiertos en la piel oveja. Total que muy amantes de la libre competencia y a la hora de la hora enseñan el rabo. La reforma energética era para fomentar la competencia, ser más eficientes y no para destruir la riqueza nacional (y esto nada tiene que ver con aquel del cuento de las gallinitas y los puerquitos). Para que la reforma tuviera éxito era necesario contar con hombres de estado y empresarios. Desafortunadamente aquí no tenemos de esos, lo que hay son burócratas inflados y rentistas insaciables.

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