Omisiones inaceptables

En México tres mil 892 mujeres fueron asesinadas entre los años 2012 y 2013, según datos del Observatorio Ciudadano Nacional del Feminicidio, pero sólo el 15.7 por ciento de los casos son investigados (613 casos).

Situación que no es sino resultado de la cultura de omisión e impunidad que prevalece en nuestro país, aunado claro, al machismo. ¿Para qué investigar estos asesinatos si la violencia contra las mujeres es un asunto aún normalizado como parte de nuestra cultura? Esa que considera que las mujeres deben callar, obedecer, someterse…

Estas estadísticas no solo nos revelan el tamaño del hoyo que tiene la impunidad o el déficit de justicia para las víctimas de asesinatos de mujeres -que alcanza al 84.2 por ciento-, aunque no lo queramos aceptar, esta cifra también nos muestra el hoyo negro de impunidad y la forma en que ha prevalecido esa cultura machista y patriarcal.

Imposible decir que nada se ha movido. Sí, se movieron las leyes y eso gracias al impulso, la insistencia y la tarea que se echaron a cuestas muchas feministas hace apenas poco más de 20 años cuando el fenómeno de la violencia feminicida y el feminicidio se puso sobre la mesa a raíz de la denuncia de las madres de las víctimas en Ciudad Juárez, Chihuahua.

Sin embargo, la misma fuente señala que 17 estados del país cuentan con tipos penales “difíciles o imposibles de acreditar”, en 14 se “podría” aceptar el delito, solo Chihuahua decidió no tipificar el feminicidio, decidió “no meterle la camisa de fuerza” y sí penalizar todo asesinato contra mujeres con una elevada condena a los victimarios, y siete entidades tienen protocolos con perspectiva de género para investigar los feminicidios.

El resultado es atroz. Terrible. De los casi cuatro mil asesinatos de mujeres cometidos en 2012-2013, en solo 1.6 por ciento sus víctimas han tenido justicia, al ser sentenciados por sus crímenes 62 feminicidas. Eso es prácticamente nada. Y peor aún, en el 80 por ciento de los casos se desconoce al agresor. Se requiere entonces investigación profunda, científica, para dar con los responsables de estos actos machistas, misóginos.

En Oaxaca se han reportado 18 asesinatos de mujeres en lo que va del año, según datos de Consorcio Oaxaca. En entrevista con esta reportera, el procurador Héctor Joaquín Carrillo Ruiz, dice que en este año se han cometido 13 feminicidios. La suma de asesinatos contra mujeres en Oaxaca, en los últimos cuatro años, es de 369. Casi dos asesinatos de mujeres por semana ocurren en esta entidad.

“Estos datos deberían alarmar al país completo”, una frase que hemos escuchado y repetido muchas veces pero que en realidad parecen despreocupar a buena parte de quienes habitamos el país, en específico, para nuestra mala suerte a quienes gobiernan. En un acto que como dicen en la jerga política “presidió” el gobernador Gabino Cué, y en el que estuvo presente la titular del Instituto Nacional de la Mujeres, Lorena Cruz Sánchez, el problema del feminicidio se redujo a unas cuantas frases.

Del público que había sido invitado, un grupo pequeño de feministas decidieron salirse del salón de gobernadores en el Palacio donde se realizó el acto en protesta por esa visión “misógina y despreocupada” que provocaron las palabras del Procurador Carrillo Ruiz; otras no se dieron cuenta y otras hicieron como si nada pasara. Era realmente abrumador escuchar los discursos del mandatario y del Procurador, pero aún más preocupante el sentido festivo que le imprimió la titular del Instituto de la Mujer de Oaxaca, Anabel López.

Al menos tres veces, el gobernador, el procurador y la titular del IMO de manera reiterada refirieron las acciones que se han hecho en Oaxaca, es como si quisieran que nos aprendiéramos de memoria las bonanzas a favor de las mujeres.

Se habló de la violencia y la importancia de que en Oaxaca haya más recursos, vía la federación, para atacar el problema…pero nadie, ninguno se inmuto en mencionar, lamentar, disculparse o lo que fuera necesario ante la sociedad sobre los cuatro asesinatos ocurridos en días anteriores.

Nadie, como si el silencio pudiera borrar de la memoria y del imaginario colectivo estos hechos.

Esta omisión de las autoridades responsables de la seguridad de quienes vivimos en Oaxaca es simplemente inaceptable.

Pero si en el Ejecutivo hay omisión y sí mucha simulación, en el Legislativo no cantan mal las rancheras. So pretexto de no llegar a un acuerdo en la reforma constitucional político-electoral, sigue en veremos el asunto de la paridad, que fue postergado para un próximo periodo de sesiones.

Lo que muestra, una vez más, lo mucho que no importa a la diputación local preparar el terreno para el proceso electoral de 2016 y mientras eso pasaba a nivel estatal, en la LXII Legislatura federal nos quedaron a deber a las mujeres, porque en los cuatro meses que les resta ya no será posible que legislen, y por tanto tipifiquen, el delito de violencia política que como ya hemos dicho aquí tiene costos altísimos como la vida humana.

Y sí, Eufrosina Cruz Mendoza, diputada federal logró una reforma constitucional, cuando el Congreso General de los Estados Unidos Mexicanos declaró reformada la fracción III del Apartado A del Artículo 2º de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos.

De esta forma se garantiza a las mujeres de comunidades indígenas el disfrute y ejercicio de su derecho a votar y a ser votadas en condiciones de igualdad con los varones, así como acceder y desempeñar los cargos públicos y de elección popular para los que hayan sido electas o designadas, en un marco que respete el pacto federal y la soberanía de los estados.

En ningún caso las prácticas comunitarias podrán limitar los derechos políticos y electorales de los y las ciudadanas en la elección de sus autoridades municipales.

Un hecho fundamental si consideramos que en más de cien municipios de Oaxaca y en otros tantos del país, las mujeres, como en la prehistoria no votan ni son electas, pero eso tendrá que ser cosa del pasado en las elecciones del 2016 para lo cual tendrán que hacer su propia talacha las instancias responsables.

Lo que nos queda muy claro también es la nula productividad de los legisladores federales oaxaqueños. Porque aunque no lo crea pasaron siete legislaturas entre la aprobación de una reforma constitucional impulsada por un legislador o legisladora oaxaqueña y la declarada el pasado 14 de abril que propuso y cabildeó en todo sentido, a veces sola, muy sola, Eufrosina Cruz Mendoza.

@jarquinedgar

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