Juan Zepeda: el derecho a competir

Uno de los debates más interesantes en el contexto de la lucha política y en particular de los procesos electorales es el que tiene que ver con las alianzas y en contraparte con la fragmentación del voto. En los regímenes parlamentarios los acuerdos generalmente se construyen en torno a un programa de gobierno.

En Alemania –por citar uno de los países emblemáticos- la CDU –Unión Demócrata Cristiana- y la Unión Social Cristiana de Baviera –CSU- ambas de centro-derecha, gobiernan desde hace varios años con Ángela Merkel, cuya preeminencia está siendo amenazada debido –cosas de las tendencias de opinión- a su política de tolerancia a los inmigrantes y refugiados. Al día de hoy, el Partido Socialdemócrata de Alemania –SPD- aventaja por un 1% en las mediciones de popularidad a la coalición gobernante, margen que tiende a aumentar al conocerse que Martin Schulz, ex presidente del Parlamento Europeo será su candidato en las elecciones a celebrarse el 24 de septiembre de este año.

Por lo que respecta a los sistemas presidencialistas, el tema de las alianzas y la dispersión del voto generalmente se resuelven por la vía de la segunda vuelta. En América Latina la celebran Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica, Guatemala, Haití, Perú, Uruguay, Ecuador, El Salvador y Trinidad y Tobago; en Europa la mayoría la tiene implantada y hasta en África también está contemplada en sus varias constituciones.

Sin embargo, en nuestro México “lindo y querido”, ambas aristas de la lucha electoral provocan la mayor controversia. Para empezar el PRI nunca dejará pasar la segunda vuelta en una reforma política constitucional porque ve en ella la pérdida del poder en automático; y no le falta razón, para bien o para mal, el slogan “todos unidos contra el PRI” desde hace varios lustros causó estado; por supuesto hay otras formas de perder el poder, fundamentalmente el “no poder” gobernar o gobernar para otros intereses o poderes fácticos. Pero esa es otra historia.

Respecto a las alianzas o coaliciones, hay quienes ponen el acento en una falta de cultura e información política, que permite la más amplia y variada manipulación y perversión del voto; propiciando además que se junten el agua con el aceite sin el menor rubor. Lo que lleva a debatir el matiz de fondo, que es el de la identidad ideológica; que aunque para muchos el tema de la congruencia ideológica es cosa del pasado –de trasnochados dicen- y dan rienda suelta a un pragmatismo sin medida ni clemencia. En mi opinión, debe ser el punto nodal de las convergencias electorales por dos razones: mantener el mínimo de honestidad intelectual y de principios; y ya en la práctica, porque tiene que ver con la gobernabilidad.

De lo anterior surge el otro gran cuestionamiento, que al día de hoy se perfila como de la mayor relevancia de cara a la posibilidad de no concretarse una alianza de los partidos de izquierda, el del voto útil; y aquí también hay por lo menos dos consideraciones a debatir. La primera, la que tiene que ver con los intereses de grupos, corrientes, tribus, poderes fácticos, organizaciones, que ven en la unidad una merma de su “poder adquisitivo” en negocios, tráfico de influencias, apoyos y en otros casos, que los hay y son respetables, la real defensa de sus identidades, proyectos, visiones y membresías, que se argumenta llevan a la pulverización del voto y en consecuencia se cuestiona a los partidos y candidatos que deciden transitar su propia vía; llegándoseles a llamar esquiroles, traidores y más.

En el otro punto, está el derecho que todo ciudadano tiene, si cumple con los requisitos marcados en la ley, a votar y ser votado. Al final, dicen quienes defienden esta postura política, será el electorado el que decida quién debe gobernar y a quién brindarle su confianza; esa es la esencia de la democracia participativa.

El tema viene al caso porque finalmente y “haiga sido como haiga sido” –versión Felipe Calderón- el PRD postuló a Juan Zepeda como su candidato al gobierno del Estado de México; no sin antes pasar, como debe de ser en un partido que se respete por sus pugnas y divisiones, por una serie de cuestionamientos, ataques, amenazas de deserción, hasta que el CEN tomó la decisión. De inmediato han surgido voces que lo señalan como aliado del PRI, otros del PAN y la mayoría apunta a considerar que le quitará votos a la candidata de Morena.

Por su parte, Zepeda, cuestionado por un comentarista, señaló “Delfina –Gómez- es Andrés Manuel, a ella no la conozco, pero conozco los diecisiete años de campaña de AMLO y es lo que hoy ha generado una burbuja en torno a ella, pero creo que en la boleta no aparecerá Andrés; en el caso de Alfredo del Mazo Maza, candidato del PRI, es Peña Nieto y lo que eso significa no sólo para el país, sino para nuestro Estado, inseguridad, corrupción, nepotismo; y en el caso de Josefina Vázquez Mota, tiene mil millones de obstáculos para poder ser opción viable, resultados pésimos como Secretaria de Educación Pública, resultados pésimos cuando fue Secretaria de Desarrollo Social y es además una persona que ha declarado públicamente que sólo viene al Estado de México a dormir y quien sólo viene a dormir no puede aspirar a la gubernatura”.

Como se advertirá, para bien, el PRD ya tiene candidato en el Estado de México. Zepeda está en su derecho a competir y soñar; que los mexiquenses decidan con sus votos. Ésa es la regla de oro de la democracia.

Es viernes “¡HOY TOCA! Diría Germán Dehesa.

¿Alguien puede asegurar que esto ya está decidido?

RAÚL CASTELLANOS HERNÁNDEZ / @rcastellanosh

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