Empoderamiento, ¿dónde?

El asistencialismo estatal se ha mantenido como una constante que genera paliativos para los problemas sociales pero no los resuelve ni combate de fondo. En el caso de las mujeres, a través de los años el gobierno del estado, así como diversos gobiernos municipales se han enfocado en promover “el empoderamiento femenino” a través de medidas que nada tienen que ver con la promoción de la no discriminación y el combate a la violencia de género; y si con mantener la brecha que impide a las mujeres acceder a sus derechos.

Medidas asistencialistas como jornadas médicas y dádivas en forma de apoyos económicos; se convierten en mecanismos que soslayan y minimizan la problemática que hoy en día representan las vejaciones y atropellos en contra de las mujeres.

Promover el empoderamiento pasa por cuestiones que van más allá de regalar despensas y animales de granja; es un proceso complejo que no se limita a cuestiones económicas, sino que abarca contextos de carácter social, de acceso a la justicia, la educación, la salud, etc. Y que parte de un principio básico: nadie puede empoderar a una mujer. Los gobiernos no tienen una varita mágica con la que nos empoderen, su tarea es brindar las condiciones necesarias para que las mujeres podamos acceder de manera libre y autónoma a nuestros derechos.

El empoderamiento también implica un trabajo de carácter individual en que las mujeres nos asumimos como seres capaces de ejercer el poder en los diversos ámbitos de nuestra vida tanto pública como privada. Así para empoderar a las mujeres hace falta un trabajo institucional que nos permita asumirnos como sujetos con derechos y poder, mismo que ejerceremos de manera voluntaria.

Una política pública que deja fuera cuestiones como: la sensibilización de las y los funcionarios acerca de las problemáticas que atraviesan las mujeres, el respeto a los derechos de este sector poblacional; el combate a la violencia de género en todas sus manifestaciones y la perspectiva de género; es una política de carácter paliativo que no permite el empoderamiento de las mujeres, sino que mantiene prácticas asistencialistas que derivan en omisiones por parte del gobierno, e impide el acceso de las mujeres a sus derechos; truncando el avance que puedan tener hacía el empoderamiento.

En una entidad donde el número de feminicidios va a la alza y donde interponer una demanda en contra del agresor deriva en la revictimización de las mujeres; pasar el 8 de marzo en caminatas, carreras y otorgando “kits médicos” y “libros”, es una burla. ¿Empoderamiento?, ¿dónde?.

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