Antiguo Régimen: Las malas cuentas

1).- Ir a fondo Cuando el ex gobernador Gabino Cué arribó al poder estatal, hubo un factor que animó el morbo y el escarnio público, tan comunes en Oaxaca: la promesa formal de ir por los corruptos del gobierno de su antecesor, Ulises Ruiz. La ex titular de la Secretaría de la Contraloría, Perla Woolrich, lo dijo a los cuatro vientos. Eran 32 a los que se hizo cera y pabilo. No habría tregua. Ni perdón ni olvido.

Los medios locales y nacionales se dieron vuelo. Nombres y nombres, como dijera IkramAntaki: “como huesos a una jauría”. Sin embargo, lo de Cué y colaboradores era más bien una venganza política. Llegaron al gobierno con la aureola de honestidad, de un “no a la corrupción”, investidos con el sacrosanto manto de la decencia y la honradez. Nadie imaginó que saldrían como el peor gobierno de la historia. El más corrupto hasta hoy.

Es preciso subrayar que pese al estigma del régimen ulisista, en la transición URO/Cué, en diciembre de 2010, nadie denunció quiebra financiera. La maquinaria estatal siguió caminando. No se supo de adeudos a proveedores; de carencia de recursos para la satisfacción de los más elementales compromisos del gobierno. Menos de un año después, la amenaza de Cué y Woolrich se diluyó. Fue puro jarabe de pico. Los corruptos del pasado siguieron impunes. Fue una promesa fallida y se dijo, que hasta arreglada.

Desde mucho antes de la entrega-recepción, el equipo de Alejandro Murat se percató de la tragedia que era Oaxaca. El escándalo de la corrupción; del tráfico de influencias y de la operación subrepticia de personajes cercanos a Cué, embolsándose miles de millones de pesos, se hizo evidente en los tiempos de campaña.

Era un secreto a voces. Todo mundo sabía quién era quién en la danza multimillonaria. Pero Cué estaba más ausente que nunca. Adolecía de una especie de autismo. Jamás hizo mención sobre el desvío de los recursos de FONREGION que hacía Netzahualcóyotl Salvatierra con toda impunidad; del tema de las cocinas económicas que operaba Jorge Castillo y que resultaron un fiasco para las comunidades, pero un éxito económico para su principal promotor; de los outsourcing. Hoy, la Secretaría de la Función Pública (SFP) y la Auditoría Superior de la Federación (ASF), cada una en sus ámbitos de competencias, han acreditado más de 12 mil millones de pesos que no han sido solventados. Y eso es pecatta minutta. El fraude es mucho mayor.

2).- Juicio político, ¿para qué?

Una y otra vez, el gobernador Alejandro Murat ha insistido que con los corruptos del pasado no habrá impunidad. Es una exigencia ciudadana. Un anhelo de este pueblo saqueado y esquilmado. El titular de la Secretaría de la Contraloría, José Ángel Díaz Navarro sigue cuadrando cifras. A estas alturas debe haber ya un diagnóstico preciso del saqueo.

El peor de la historia. Lo hecho por gobiernos anteriores fue simple quehacer de párvulos. Los de Cué fueron maestros en el arte del robo y el saqueo; de la mendacidad y la simulación. Haber dejado la administración estatal “en banquitos” no tiene parangón. Ni siquiera para las necesidades más elementales. Adeudos por doquier. Una economía local desfondada; en quiebra técnica. Un directorio de dirigentes de organizaciones sociales –acostumbrados a vivir como reyes- en la mendicidad; un panorama siniestro en el estado.

El remedio no está en inofensivas inhabilitaciones, como la de Germán Tenorio, por más de cien años. Tampoco en un juicio político al ex gobernador. ¿Para qué? En Oaxaca no estamos mejor que en Veracruz. Urgen procesos resarcitorios y penales.

Explorar el viejo tema de la extinción de dominio para asegurar propiedades, congelar cuentas. Obvio: con miles de millones en la bolsa, los indiciados tendrán una defensa jurídica inédita. Hay que ir por los peces gordos, no por escuálidos charales. Que no haya impunidad para nadie. Que no haya la sospecha ciudadana de que hubo pactos secretos para alentar la impunidad. Es tema de elemental justicia. No más corrupción que deje a millones de oaxaqueños que viven en la miseria, de nueva cuenta en la indefensión. Robarles a los más pobres es un crimen de lesa humanidad. O bote o que devuelvan lo que se robaron. Así de simple.

1 Comentarios

  1. andres domínguez marzo 17, 2017 at 16:39

    Hace 6 años surgió un perro que ladraba y nunca mordió.
    Esperemos que en este sexenio, no se repita.
    Ya pasaron mas de tres meses y a los doce, la procedencia del juicio fenece.

Los comentarios están cerrados.