Trump, negociador

El canciller Luis Videgaray confía en la vocación negociadora del presidente electo Donald Trump para detener la probable construcción del muro fronterizo entre México y Estados Unidos –“porque así ha sido toda su vida”-, pero habrá que recordar al ex secretario de Hacienda que una es la capacidad de hacer negocios en la vida privada y otra como Jefe de Estado, aunque se da ya en estos tiempos que se mezcla la política con la actitud mercantil.
Y aun cuando Trump es un eficaz emprendedor, México de ninguna manera debe confiarse en ello, sino al contrario, adoptar medidas internas para hacer frente a lo que ya es una realidad: la persecución de nuestros connacionales en territorio estadunidense, atizada por el espíritu racista del mismo republicano, secundada por grupos radicales que encuentran el campo propicio para insultar, vejar y golpear a los mexicanos.
En un vasto territorio como es el mexicano, existen todas las posibilidades para la explotación de los recursos naturales mediante la organización para la producción, sin tener que depender de la generosidad de nuestros vecinos que desde hace décadas acogen a las corrientes migratorios de compatriotas expulsados por la situación de miseria en el agro o en las ciudades mexicanas, donde no existen las oportunidades mínimas de sobrevivencia.
El mismo presidente Barack Obama en su discurso de despedida reconoció que persiste el prejuicio racista y hace falta mucho por hacer. Y si el presidente saliente desde la cúpula del poder de la nación más poderosa del mundo –aun cuando parece ser va en declive ante el ascenso del poder ruso- observa que la discriminación racial va en auge, no es para confiar en que Trump es negociador y nos tenderá la mano para resolver los ancestrales problemas sociales de México.
Se requiere no sólo un liderazgo fuerte para enfrentar las embestidas del magnate inmobiliario y su peligroso equipo de trabajo, sino crear las condiciones propicias para desarrollar el mercado interno y no depender de un solo mercado, ni confiar en que la Nación vecina acogerá a los mexicanos sin empleos y sin ingresos. México tiene suficientes problemas internos, agudizados por una equivocada política económica e ineficaz dirección política, como para confiar en la benevolencia del país vecino.
Sin duda, el canciller Videgaray sabe que el recurso de Trump –como lo ha demostrado ya en varias ocasiones- es atacar y luego negociar, pero en el caso de México es diferente, pues millones de compatriotas sin documentos viven hoy aterrorizados ante el inminente del nuevo huésped de la Casa Blanca, por lo que es preciso tomar las medidas adecuadas para enfrentar la nueva realidad, que es la de encontrarse con un jefe de Estado belicoso que parece no estar dispuesto a ceder en su programa de agresiones, sino al contrario, atacar más a nuestro país.
Hoy es necesario fijarse programas a corto y largo plazo, los cuales han estado ausentes durante décadas, para empezar a impulsar el desarrollo del país desde dentro, sin confiarse en el apoyo o la ayuda de los vecinos u de otras naciones. Como país el nuestro tiene todo no sólo para ser autosuficiente en la generación de empleos e ingresos, sino para ir más allá, ser una gran potencia en todos los aspectos. Otras naciones con menos recursos lo han demostrado, pero requerimos de un liderazgo fuerte; ojalá y se encuentre o alguien esté en su momento, que es éste.
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