La gobernabilidad y los gobernadores

Para gobernar no sólo hay que tener pistolas, capacidad de disuasión y granaderos, sino que además hay que tener razón y sobre todo el respeto de la gente

 

Y ahora 21 gobernadores, el presidente de la Conago, Graco Ramírez -gobernador de Morelos-, el secretario de Hacienda y Crédito Público, José Antonio Meade, unido a su alter ego José Antonio González Anaya, director de Pemex, y al secretario de Energía, Pedro Joaquín Coldwell, sostuvieron una reunión para poder explicar la crisis en la que vivimos.

Para gobernar no sólo hay que tener pistolas, capacidad de disuasión y granaderos, sino que además hay que tener razón y sobre todo el respeto de la gente.

Sin embargo, poco a poco entre el resultado de las elecciones del 5 de junio del 2016 y los casos de corrupción que han ido devaluando el papel de los gobernadores, se va cavando un agujero que afecta su credibilidad y por lo tanto la gobernación de México.

Ahora es fundamental saber qué se les ocurrirá más allá de cuestionar a los que administran el segundo nivel de gobierno. Y es que, soy de los que cree que el pacto federal -desde hace mucho tiempo- necesita una actualización.

A su vez todo lo que está sucediendo, la crisis moral, política y de autoridad de los gobernadores, nos posiciona en una grave situación de indefensión. Porque al final del día, ¿cómo nos dejaremos gobernar por alguien que después tiene que salir huyendo porque lo robó todo o al menos todo lo que pudo?

Y es que, los gobernadores deben tener sensibilidad social, para que además de preguntarle al secretario de Hacienda y al director de Pemex los motivos técnicos del gasolinazo, por el cual han enfrentado -con ayuda del Ejército, la Marina y la Policía Federal- múltiples levantamientos, cuestionen la manera en la que puedan volver a sus estados con decisiones contundentes y no sólo con verbalismos políticos.

El pacto federal se mejora o se deteriora en función de su utilidad pública. Y a estas alturas es clave entender lo que van hacer, aparte de convocarlos, de cuestionarlos y de reiterarles que la subida fue brutal y que los pueblos están sufriendo repercusiones mucho más allá de lo razonable.

En ese sentido, ¿podríamos interpretar que los gobernadores van a articular una propuesta para solucionar esta situación? ¿Significa que van a enfrentar las protestas? ¿Significa que estarán dispuestos a retocar sus ya maltrechos presupuestos para que la subida no se produzca?

En algún momento el gobierno federal deberá entender que ya no basta con transmitir las malas noticias, y que más allá de la irresponsabilidad de no haber tomado medidas para que este proceso fuera gradual, ahora gobernar significa hacer que las cosas sean posibles, pero tal como lo están haciendo es imposible vislumbrar un 2017 en el que el país pueda salir del hoyo.

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