Recuperan la memoria de Oaxaca (El Universal)

Eran literalmente tres kilómetros lineales de basura en cajas de cartón desechas, con moho, humedad, bacterias, insectos, heces y montones de polvo de olvido, así se encontraba el Archivo General del Estado, que paulatinamente sacó a la luz un tesoro incalculable, como nombramientos firmados por el general Porfirio Díaz, con sellos en relieve, o pruebas del delito que, a falta de fotografía o el arma física, eran dibujadas en largas tiras de papel, como es el caso de una escopeta o una piedra.

El proyecto de restauración lo inició Isabel Grañén Porrúa y su llegada a Oaxaca se la debe a Francisco Toledo, el artista plástico, visita que se convirtió en permanencia y a partir de la cual nació una historia de amor no sólo por los libros, sino con Alfredo Harp Helú.

Primeros pasos

Hija de libreros y originaria de la Ciudad de México, hace dos décadas arribó al estado la entonces licenciada en Historia del Arte por la Universidad Iberoamericana para un proyecto de rescate de libros de la Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca (UABJO), que también posee un tesoro que incluía al menos 14 libros incunables que datan de la época del nacimiento de la imprenta.

Este fue el inicio de la recuperación de la memoria de Oaxaca, con el tesoro que resguardaba la Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca, pero que se encontraba en diversos sitios inadecuados, con severos daños causados por el ambiente y las condiciones en que se encontraba amontonado el material.

En 1993 inició el proyecto con el acarreo desde distintas escuelas y facultades de la universidad hacia un sitio especial de la biblioteca universitaria, donde Grañén Porrúa comenzó el trabajo de recuperación de volúmenes que datan incluso de los siglos XV y XVI.

“¿A Oaxaca una semana? ¿Y a ver libros? Pues de eso soy. Llegué y nunca me imaginé encontrar una de las bibliotecas más importantes de México, y aquellos libros estaban desordenados; se empezó con el rescate y una exposición en el Museo de Arte Contemporáneo de Oaxaca”, narra en entrevista.

Entre el acervo se hallaron impresos mexicanos del siglo XVI, primeros impresos guatemaltecos y mapas antiguos, entre otros, que eran patrimonio del antiguo Instituto de Ciencias y Artes del Estado.

Prosigue: “Comenzamos de manera formal justo cuando se inauguraba la rehabilitación del Centro Cultural Santo Domingo —en 1994— y platiqué entonces con Toledo acerca de la idea de trasladar la biblioteca que se rescataría a un espacio de ese sitio, para lo cual se requería el permiso del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH).

“En ese entonces la restauración de Santo Domingo operaba de manera tripartita: gobierno estatal, el federal con Conaculta-INAH y Fomento Social Banamex; metí un proyecto a este último pero me dijeron: ‘Fíjate que tu proyecto es cultural y nosotros estamos apoyando aquí proyectos sociales’; les dije ¿desde cuándo salvar una biblioteca no es salvar la memoria de una sociedad? ¡Claro que es un proyecto social!”.

 

Altruismo

Grañén Porrúa continúa: “Después me hablaron y dijeron: ‘Fíjate que el señor Harp ya aprobó tu proyecto’; dije, no sé quién sea ese señor, pero qué buena gente es. Ahí conocí a quien ahora es mi marido [Alfredo Harp] y así nació la biblioteca Francisco de Burgoa; desde ahí se entreteje una historia de muchos amores y muchas cosas positivas para Oaxaca”.

Con el proyecto aprobado se inició la construcción de libreros de cedro rojo y en 1996 comenzó el traslado de los valiosos volúmenes, que inicialmente eran 27 mil, entre los cuales están 14 incunables, es decir, editados en la época de la creación de la imprenta con Juan Gutenberg.

El libro más antiguo data de 1472; forma parte también del acervo la Historia Natural de Plinio, de 1492, año en que Cristóbal Colón llegó a América.

Con el traslado y recuperación de otras bibliotecas, como la de Jorge Fernando Iturribarría; la de Manuel Brioso y Candiani y el Archivo Histórico de Notarías la colección creció a más de 30 mil ejemplares, que hoy ocupan una nave de 70 metros de largo en el Centro Cultural Santo Domingo. Ahí mismo se creó un taller de restauración que brinda servicio gratuito a las comunidades para recuperar sus mapas o documentos antiguos.

Paralelo a ello, con la fundación Alfredo Harp Helú, el matrimonio Harp-Grañén ha impulsado diversos espacios más en la capital, como el Museo de la Filatelia; la Casa de la Ciudad, el Museo Textil, la Biblioteca Infantil BS y la restauración del ex convento de San Pablo.

“Decidimos vivir en Oaxaca, amamos Oaxaca; nos encanta este estado, su colorido, su explosión creativa. Creo que es una potencia en creatividad y en talento, creo que lo que nos falta es creernos que somos capaces de lograr tantas cosas, Oaxaca es hermosísimo y estoy feliz de que mis hijos sean oaxaqueños, soy feliz en esta ciudad, aprendiendo mucho”, dice.

Joya de la corona

En 2010 surgió la iniciativa del matrimonio Harp-Grañén de proponer al entonces candidato a la gubernatura de la entidad, Gabino Cué Monteagudo, el proyecto de rescatar el Archivo General del Poder Ejecutivo del Estado de Oaxaca, que se encontraba en pésimas condiciones.

Su último sitio era el ex convento de los Siete Príncipes, en el Centro Histórico de la capital, pero sin catalogación, sin cuidados, con desconocimiento de múltiples documentos históricos.

Con Apoyo al Desarrollo de Archivos y Bibliotecas de México, Asociación Civil, (Adabi), que dirige la ex directora del Archivo General de la Nación, Stella González Cicero, se presentó la propuesta para iniciar la recuperación del fondo histórico y a la par construir una sede apropiada.

En 2011 arrancó el rescate del patrimonio archivístico en coordinación con el gobierno estatal.

De acuerdo con la restauradora de Bienes Muebles, María Fernanda Blázquez, coordinadora del área de Estabilización, originalmente se hablaba de 16 kilómetros lineales de archivo y tras una primera clasificación, quedó en tres kilómetros.

Con trajes especiales que incluían cubrebocas, más de 40 personas han laborado durante más de cinco años en el acarreo desde el ex convento hasta un edificio ex profeso en el centro de la ciudad, donde comenzó primero la clasificación en cinco ejes temáticos: Gobierno, Hacienda, Registro Civil, Justicia y Milicia, con sus respectivas subseries.

Posteriormente, la limpieza y restauración manual, con brochas y cepillos especiales y personal que previamente se capacitó. La experta explica que se han encontrado documentos desde el siglo XVI a la mitad del siglo XX.

Entre los documentos que podrán ser consultados se encuentran la Constitución Política del Estado Libre de Oaxaca, del 10 de enero de 1825, que establecía la existencia de una Tesorería General para distribuir todos los productos de las rentas del Estado.

A la fecha se han intervenido 88 mil 774 expedientes y 6 mil 713 libros, de los cuales se desinfectaron 9 mil 109 expedientes y se restauraron 10 mil 905.

De igual modo, se identificaron y estabilizaron 10 mil 803 fotografías, de las cuales al menos 896 requirieron de restauración. Entre los libros restaurados, 2 mil 592 volúmenes son de formato oficio y 343 de gran formato.

Sede final

La especialista asegura que este ha sido uno de los proyectos más interesantes en el que ha trabajado durante los 10 años de experiencia en su profesión.

“A los oaxaqueños les diría que tienen una memoria muy rica. Oaxaca ha sido el escenario de acontecimientos importantes con lo que ha aportado a la historia nacional. Nuestra historia está hecha de los acontecimientos diarios y la única manera de tener acceso a ella es conservando estas fuentes documentales”, expone.

En el año 2015, finalmente quedó listo el proyecto para construir la Ciudad de los Archivos, en un terreno de 13.5 hectáreas, perteneciente al gobierno estatal y ubicado en la agencia de Santa María Ixcotel, del municipio de Santa Lucía del Camino, lugar conurbado a la capital por la zona oriente.

La Fundación Harp Helú encargó la obra al arquitecto español Ignacio Mendaro Corsini, con experiencia en la construcción de sedes de archivos.

La propuesta es integral e incluye un gimnasio al aire libre, recuperación de zonas verdes y pozas antiguas donde se extraía la cantera verde, y un edificio que contará con infraestructura contra incendios, bóvedas especiales para fotografías y lienzos pictográficos y amplios talleres de restauración. Aunque fue inaugurado el 19 de diciembre, la obra con un costo aproximado de 500 millones de pesos registra un avance superior al 90%.

Con la polémica de la construcción del Centro de Convenciones en las inmediaciones del cerro del Fortín, el gobierno estatal decidió trasladar la obra también a Ixcotel, al mismo arquitecto Mendaro se le encomendó otro proyecto para ese espacio, que actualmente se construye con el mismo patrón arquitectónico que la Ciudad de los Archivos y ambos edificios quedarán unidos y complementados.

“El Archivo Histórico de Oaxaca es también un ejemplo y será un parteaguas para la situación del país, para que vean lo que se puede hacer con un archivo ordenado, organizado, para que sea un lugar de dignidad, de orgullo de nuestra identidad, de nuestra cultura, que además nos une, porque creo que todos estamos contentos con esta obra”, culmina Isabel Grañén.

El Universal / Ismael García