Cocaína electrónica. Apaga tus dispositivos móviles y enciende el cerebro.

No se trata de crear una psicosis generalizada por el mal uso de los dispositivos móviles, pero si considero conveniente generar un poco de conciencia de los riesgos a los que nos enfrentamos de manera inconsciente con el uso de estos dispositivos.
Cuando se comienza la conexión con nuestros equipos, ya sean teléfonos, tabletas o computadoras haciendo uso del internet principalmente, entramos en una espiral ascendente, al inicio, dedicamos minutos, después una hora, luego dos, seis, ocho, para terminar en diez horas en promedio.
Los que se encuentran con una obsesión y adicción les dedican al menos 14 horas diarias a sus equipos.
Los teléfonos o dispositivos inteligentes nos facilitan el camino en las carreteras de la información, pero al mismo tiempo nos abren la puerta para canalizar nuestras obsesiones, frustraciones, enojos y hasta instintos psicópatas sin ninguna objeción de por medio.
Al despertar, lo primero que tomamos es nuestro móvil para revisar quien o quienes nos enviaron mensajes al vencernos el sueño, después comenzamos a mandar o postear textos; algunos de ellos sin importancia.
Si salimos y nos damos cuenta que no llevamos nuestros dispositivos, de inmediato somos presa de la ansiedad y sufrimos nomofobia.
Así, en un mes rebasamos los cuatro mil mensajes de texto sin darnos cuenta, aunque los adolescentes rebasan esta cifra por mucho.
Nunca falta el que no tiene nada que hacer y organiza grupos de WhatsApp donde los integrantes le dan rienda suelta a su imaginación y hasta su histeria.
Al ir conduciendo, buscamos desesperadamente el teléfono para revisar mensajes mientras los semáforos se encuentran en rojo, otros lo hacen mientras manejan, y si por alguna razón nadie nos ha llamado o mandado mensajes, tomamos la iniciativa mandando mensajes de texto y después buscando a quien llamarle, aunque no tengamos nada importante que decir.
Si estamos en reunión revisamos nuestros dispositivos móviles y nuestras redes sociales, si estamos comiendo hacemos lo mismo y si estamos con nuestra pareja la convertimos en una segunda opción, porque nuestra atención principal se centra en nuestro teléfono o nuestros dispositivos móviles.
Cuando intentamos dormir regresamos a revisar el teléfono esperando que alguien nos haya enviado algún mensaje y repetimos este patrón varias veces.
Finalmente, colocamos nuestro teléfono a un costado de la cama, en la cabecera o debajo de la almohada.
Hay quienes tienen hijos del Face, y sus esposas ya casi son amantes del whatsApp.
La razón por la que se genera adicción de manera inmediata, es por que obtenemos respuestas rápidas reconocidas cerebralmente como recompensas, las cuales nos producen placer en pequeñas dosis y hacen que nuestro cuerpo libere beta endorfinas, endorfinas, encefalinas y dopamina entre otras.
Estas sustancias son neurotransmisores opioides producidos en el sistema nervioso central como moduladores del dolor, reproducción, temperatura corporal, hambre y nos producen estados de placer y euforia.
Su nombre deriva porque producen los mismos efectos que los analgésicos derivados del opio.
Y muy parecidos a los efectos de la cocaína entre otras drogas.
De ahí que si no tenemos nuestros dispositivos nos sentimos ansiosos, irritados, histéricos para después pasar a la depresión.
¿Quiénes sufrimos más, los hombres o las mujeres?
Si partimos de la idea que cerebralmente somos diferentes, y que el procesamiento de la información, las ideas y las emociones también son distintos, podemos darnos cuenta que para los hombres los dispositivos “inteligentes” son instrumentos, mientras que para las mujeres representan plataformas en donde pueden tener vida social a la vez que les permiten estrechar o fortalecer vínculos de amistad o de amor.
De ahí, que el efecto adverso a la recompensa que nos generó la adicción en un inicio, se convierta en una travesía muy difícil en las mujeres, llegando hasta la depresión, mientras que en el hombre los efectos deletéreos son menores, pero si con la capacidad de generar frustración.
Salir de un problema que puede crecer y afectar nuestra salud mental es muy fácil, hay que darle tiempo a las cosas importantes de la vida, tiempo de calidad a la familia y a nuestros amigos, hacer deporte, pensar más y atrofiar nuestro cerebro menos.
Tan fácil como apagar nuestros dispositivos móviles y prender el cerebro.

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Vía @Viral_Noticias